sábado, 24 de enero de 2015


"El Ganges se pasea frente a mí mientras las riberas de los Gats de Varanasi se van llenando de gente. La contaminación del río, no lo hace menos sagrado. Mis errores pasados tampoco me quitan mi potencial de santidad. El río fluye con la vida. El amanecer y el anochecer se suceden con un extraño encanto que me enseña que todo fluye, que todo pasa, que nada permanece, y, curiosamente, en esa impermanencia, e incluso en mi propia imperfección, encuentro la esperanza de un mañana mejor. Mirando el río, no encuentro el lugar donde el río es río, donde las aguas han cambiado su nombre. El río es otro de tantos procesos de la existencia, como mi yo, como la fantasía de mi vida y quién creo ser. ¿Qué le pasa al río cuando desemboca si nunca ha dejado de nacer de la montaña ni de ahogarse en el mar? ¿Qué le pasa al río cuando descubre que no es tal? El viento trae el murmullo de los mantras y el canto arrullado de los versos del Corán. El río es más bello cuando está libre. Sus aguas no vuelven, no se detienen a mirar atrás. Este momento es más bello si puedes llenarlo de ti y dejarlo pasar. Nada es para siempre, pero el ahora lo puedes disfrutar. En los Gats la gente hace sus abluciones, pero a Dios no le interesa la fachada de su templo, si no el interior de tu corazón. Bebe del río de la vida, conviértete en sonrisa, que un suspiro en el viento no debería guardar tanto dolor…" La Taberna del Derviche      

jueves, 22 de enero de 2015

Las Uvas del Profeta (s.a.s.)



"Un día, un hombre muy pobre trajo un racimo de uvas al Profeta Muhammad como regalo y le dijo: - ¡Oh Profeta de Allah, por favor acepta este pequeño regalo de mi parte! - Al poder ofrecer su obsequio al Profeta, el rostro del hombre se iluminó porque era evidente que le amaba mucho y que apenas tenía medios para comer él mismo. Muhammad entonces le dio las gracias amablemente y probó las uvas. A medida que el Profeta iba comiendo uvas, el hombre lo miraba expectante. Así, el Profeta se comió una, luego se comió otra y poco a poco terminó todo el racimo él solo, haciendo gestos de agrado. El pobre hombre se puso muy contento y al cabo de un rato se fue. Los compañeros del Profeta que estaban a su alrededor se sorprendieron. Por lo general, Muhammad compartía con ellos todo lo que tenía, pero esta vez había sido diferente. Así, uno de ellos le preguntó respetuosamente - Oh Profeta de Allah ¿Cómo es que te has comido todas las uvas y no nos ofreciste a nosotros? - El Profeta sonrió y dijo; - Me comí yo todas la uvas porque estaban ácidas. Si les hubiera ofrecido a ustedes, podrían haber puesto mala cara y mostrado su disgusto. Eso habría herido los sentimientos de ese pobre hombre, así que me dije a mí mismo que mejor que me las comiera todas yo y así complacería al pobre hombre y no heriría sus sentimientos”. Tal era el carácter y la forma de ser de nuestro amado Profeta Muhammad (s.a.s.) 

miércoles, 14 de enero de 2015

Cuentos para Unirnos



"Un anciano indio, queriendo enseñar a sus nietos, les dijo: - Hay una batalla teniendo lugar en mi interior. Es una pelea terrible entre dos lobos. Un lobo representa el miedo, el odio, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la culpa, la auto-compasión, la inferioridad, la mentira y el ego. El otro es la alegría, la paz, el amor, la bondad, la esperanza, la serenidad, la compasión, la generosidad, la amabilidad, la amistad, la humildad y la verdad - Entonces miró a los niños y les dijo: - Esa misma lucha está teniendo lugar también en vuestro interior y en el interior de todos los seres humanos. - Los niños se quedaron un rato pensando y al fin uno preguntó: - ¿Cuál de los dos lobos ganará? - Y el anciano respondió: - El que tú alimentes -” Cuento Cherokee

"El discípulo a su maestro: - Baba, ¿Qué parte del cuerpo es más importante? – A lo que el maestro respondió: ¡El corazón, hijo mío! Éste es el Templo del Señor en nuestro interior. Cuando Dios baja del cielo, se sienta en él. En el corazón, además, viven todos nuestros seres queridos, pasados, presentes y futuros. Los que ya se han ido todavía permanecen en él, los que están, están, y los que han de venir tienen su lugar preparado aquí. ¡Fíjate qué importante es tenerlo siempre limpio y adecentado! Del corazón sale además todo lo bueno y lo malo de la gente. Si tu corazón está sano, todo tu cuerpo lo estará." La Taberna del Derviche

“Hace algún tiempo, un sultán, conociendo que en su comarca se reunía un gran maestro sufí con sus discípulos, le envió un mensajero rogando que le confiara a alguno de sus hijos para instruir a su pueblo, pues en verdad estaban necesitados de orientación. Apiadándose de ellos, el sabio llamó a tres de sus discípulos para hacer una selección y le preguntó al primero: - Hijo mío, si alguien se comporta bondadosamente contigo ¿cómo le responderías? – Oh maestro, sin duda yo me comportaría bondadosamente con él - ¡Muy bien! Sin embargo, ¿qué harías si alguien se comportara mal contigo? – Oh maestro, le pagaría con la misma moneda, pues esto sería lo más justo – El sabio lo despidió y llamó al segundo discípulo, haciéndole la misma pregunta y recibiendo idéntica respuesta. Después llamó al tercero y le dijo: - Hijo mío, si alguien se comporta bondadosamente contigo ¿cómo le responderías? – Oh maestro, sin duda me comportaría bondadosamente con él - ¡Muy bien! Sin embargo, ¿qué harías si alguien se comportara mal contigo? – Igualmente le respondería con bondad – dijo el muchacho. Gratamente sorprendido, el maestro le preguntó: - ¿Cómo es eso? ¿Acaso no sería justo que tú le devolvieras mal por mal? – Sí, maestro, pero ése no es el legado de Jesús, hijo de María, y yo no puedo dar algo que no tengo. Así, él seguiría actuando de forma malvada y yo de forma correcta hasta que mi comportamiento lograse vencer al suyo – El maestro, muy orgulloso, envió al sultán al tercer discípulo como verdadero hijo de sus entrañas.” Sheij al Arabi al Darqawi

domingo, 11 de enero de 2015

Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista




"Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista. No soy Charlie Hebdo porque no me gusta insultar, vejar y ridiculizar la religión islámica, cristiana, judía, o cualquier otra escudándome en un supuesto humor que a muy pocos hace gracia. Y no soy un asesino porque no concibo quitarle la vida a otro porque piense diferente a mí. Desde pequeño me enseñaron que hay cosas sagradas para los seres humanos: la familia, la dignidad, la religión… y Cherlie Hebdo mostró un total desprecio hiriendo el alma de mucha gente, degradando al mundo árabe, propagando sin pudor la xenofobia, comparando el Islam con terrorismo y a todos los musulmanes con fanáticos religiosos. De pequeño también me enseñaron que Libertad no es sinónimo de hacer lo que a cada uno le venga en gana, donde termina tu libertad empieza la mía, y ese derecho fundamental deberíamos utilizarlo para tender puentes, no para enfrentar culturas. El Respeto es la base de la convivencia. Por eso tampoco puedo entender que haya seres que, en aras de sus convicciones, fusil en mano, decidan quitar la vida de otros. Así no sólo se convierten en asesinos, sino que, como dijo Saramago, hacen de Dios también un asesino. Yo prefiero convivir con los hombres que matarlos, prefiero sonreírles con amabilidad cuando nos cruzamos por la calle que utilizarlos para divertirme, prefiero vivir en paz en un sitio donde haya muchos puntos de vista que en un lugar donde sólo unos pocos se alcen con la verdad. Yo no soy Charlie Hebdo, ni me sumo lo que hacía, pero tampoco soy un asesino, ni jamás lo seré. Tan sólo soy alguien anónimo que desea, como la inmensa mayoría de mis hermanos y hermanas, vivir en paz y dejar vivir también en paz. Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista."

sábado, 3 de enero de 2015

El Cielo y el Infierno



"Cuenta un antiguo relato japonés que un Samurái pidió a un maestro Zen que le explicara el concepto de cielo e infierno. No obstante el monje respondió con desdén: - No eres más que un idiota. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú! - Herido en lo más profundo de su ser, el Samurái se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: - ¡Te mataré por tu impertinencia! - Eso - repuso el monje con calma - es el infierno - Desconcertado al percibir la sabiduría en lo que el maestro le señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el Samurái se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección. - Y eso, amigo mío - añadió el monje - es el cielo." Extracto del libro DEL TAI-CHI AL TAO

domingo, 14 de diciembre de 2014

Feliz Natividad




¡Maran Athá! ¡El Señor viene!
  
Jesús está naciendo de nuevo cada día, con cada niño que viene al mundo, en cada pecho que se estremece ante el sufrimiento ajeno y en cada alma que ansia la paz.

Belén es cada casa, y Jerusalén es el mundo entero. En toda la creación arde la zarza que vio Moisés en el Sinaí y los Magos ya hemos salido a buscar al Niño, a recorrer los caminos externos e internos para reconocer al Mesías, al Hijo del Dios vivo que hemos presentido en nuestros sueños, que hemos visto anunciado en los cielos por una Estrella.

Los antiguos Magos, sin ser judíos, siguieron la luz que les guió hasta el Hijo de Dios, y ni José ni María les pidieron que cambiasen de religión para poder reconocer y adorar al niño. Tan solo se postraron ante él y nada más. Después siguieron con sus vidas, llenos de gozo, con su fe renovada, creyendo que todo podría cambiar, que los hombres podríamos cambiar.

Navidad significa Nacimiento, el nacimiento del Hijo de Dios, de los hijos de Dios... y quizás eso es lo que deberíamos celebrar en este tiempo, ya que, como decía el poeta persa Djalal al Din Rumi: - La virgen María es nuestro cuerpo y todos llevamos un Jesús dentro – A semejanza de aquél que cambió el mundo hace ahora más de dos mil años.

Quizás hemos olvidado al Jesús que mora en nuestro interior, como hemos olvidado al Jesús que mora en el Cielo… quizás hemos olvidado que podemos ser mejores personas. Y tal vez ése sea el espíritu de la Navidad, a pesar de los grandes centros comerciales, a pesar de los intereses de los reyes Herodes de estos tiempos.


Si el ser humano cree, podrá ver a Dios en la piedra, en los árboles, en los ríos, en sus semejantes. Pero si no cree solamente verá piedras, árboles, ríos y gente… Entonces no reconocerá la luz de la estrella llamándole hacia Belén y no se atreverá a subir la montaña deseando el encuentro con el Hijo de Dios. 
A la sazón será uno de aquellos que cogieron la espada y mataron a tantos inocentes para sacrificar al espíritu de la Verdad, pero el espíritu de la Verdad no puede morir, y ya está rumbo a cumplir su destino, porque podrán cortar todos los árboles, pero no podrán parar la primavera. ¡Feliz Natividad!





sábado, 1 de noviembre de 2014

El Sueño de la Atlántida






Desde que tengo recuerdos, me fascinó la idea de una Ciudad Inmortal. Una Ciudad más allá de la vida y de la muerte. Más allá de este mundo y de cualquier otro.
En el fondo de mi corazón busqué las coordenadas de una Ciudad en las Nubes, una Ciudad de Luz que, quizás, visité en sueños, y a la que tal vez volveré al final de mi paso por este pequeño planeta azul.

Lejos, allende las nieves perpetuas de las poderosas cumbres de los picos nevados del Himalaya, escondida de la vista de los seres, entre los pliegues de alguna dimensión desconocida, apareciendo disimuladamente en el desierto del Gobi, existe este lugar, y numerosas son las culturas nos han narrado historias de una extraña Ciudad que se alzaba majestuosa entre este mundo y el otro.

Shambhala, Erks, Shangri-la, Ibez, Agartha, La Ciudad de Luz, la Jerusalén Celeste, Shams, el Reino de los Cielos, el Jardín del Edén, Hastinapura o la Atlántida… Ha tenido muchos nombres, pero todas las tradiciones relataban que sus habitantes, allí, eran como niños, y que para entrar en ella debíamos nacer de nuevo.

Los que han visto sus murallas quedan prendados de su semblante y ya no anhelan ir a otro lugar. Su Reino ya no es de este mundo, ni su mundo de este mundo pues se han convertido en ciudadanos del cielo.

Los que han oído el rumor de su presencia ya no vuelven a desear oír otra cosa, e intentan, desde la tierra de los hombres, imitar los sonidos que puedan abrir de nuevo los puentes que les conduzcan a esa Ciudad Eterna. De esta inspiración nacieron los mantras, los versos sagrados y la poesía mística, intentando asemejarse a la música de los reinos celestiales, al canto de las inteligencias puras, a las voces de los Seres Iluminados que, locos de pasión, alaban al Ser Supremo.

Quienes han degustado sus frutos saben que todo lo que pertenece a este mundo no calma la sed. Por eso no quieren nada de este lugar.

Quienes conocen la existencia de la Ciudad de Luz saben dónde está su hogar y ya no vuelven a preocuparse más sobre qué comerán o cómo vestirán, pues han visto dónde están realmente sus vestidos y dónde los verdaderos alimentos, de dónde han venido y hacia dónde han de regresar, y ya sólo queda encontrar el Camino hacia la Eternidad.

Investigando sobre ella también me di cuenta de que, cuando hablaba acerca de las leyendas de esta supuesta Ciudad con alguien cuya consciencia había superado los límites del mundo material, un brillo muy especial aparecía en sus ojos, mostrándome su ubicación oculta en los insondables abismos de la consciencia humana que, de alguna forma, no ha querido, ni podido, deshacerse de esa luz a pesar del tiempo ni del viaje entre vidas.

Entonces me pregunté si sería posible que esta ilusión, este sueño, fuese en realidad el recuerdo de algún lugar que existió, o que existe, pero que abandonamos hace enormes cantidades de tiempo, y al que anhelamos regresar.

Como por un pálpito devoré las historias, mitos y leyendas que han llegado hasta nosotros a través de todas las épocas. Investigué igualmente en el fondo de mi consciencia y descubrí que los hombres, a pesar de las diversas tradiciones y del pasar de los años, hemos “imaginado” y pretendido recrear un Paraíso Perdido en la Tierra. La respuesta la tenía ante mis ojos. El sueño se había convertido en recuerdo, ¡aquella ciudad podía ser real!

Pero, igualmente, ligado a la Ciudad de Luz, también hemos llevado con nosotros el temor de un cataclismo, de un fin del mundo que quizás, de la misma forma, como Troya, el Diluvio Universal y Thira, no fuera imaginación sino recuerdo.  

Cuenta Platón que la Atlántida fue una mítica y próspera isla que existió más allá de las columnas de Hércules, cuyos habitantes, descendientes de Poseidón, habían alcanzado un nivel tecnológico sin par, lo que, a la larga, les hizo alejarse de su virtud volviéndose soberbios, dejando de venerar a la Divinidad, olvidando sus leyes morales y conquistando otras tierras movidos únicamente por el deseo.

Dada su corrupción, Zeus convocó a la Asamblea de los Dioses dispuesto a castigar a la Atlántida, que fue destruida en una noche y un día, sufriendo terremotos y siendo devorada por el mar.

Aunque el relato de Platón no especifica nada más, ni se habla del castigo a sus habitantes o quién se salvó, se da por hecho que la gran mayoría desaparecieron tragados por las aguas.

Por el mismo pecado, la soberbia y la malicia, Babel, Sodoma y Gomorra fueron destruidas, y el hombre expulsado del Jardín del Edén por olvidarse de Dios, relato que tenemos también en la civilización Hitita de la epopeya de Gilgamesh.

Por otro lado, el pueblo de Rapa Nui, como los indios Hopi y tantos otros, aseguran provenir de una isla que se hundió en el mar después de un gran cataclismo.

 Ante tantas casualidades la pregunta se hace evidente ¿Ocurrió, hace muchísimo tiempo, una catástrofe de proporciones tan grotescas que todavía hoy, a pesar de los años, seguimos recordando?
Y si fue así ¿cómo pudo afectarnos a todos? ¿Acaso vivíamos en un mismo lugar?

Según las últimas teorías astrofísicas, nuestro universo fue originado por una gran explosión de materia condensada que conocemos con el nombre de “Big Bang”. Siendo éste el origen de los planetas, de las estrellas, de toda la materia cósmica, del tiempo y, tras las combinaciones más increíbles, de la vida y de los seres.
No obstante, este universo en constante expansión, según la también teoría del “Big Crunch”, decelerará hasta detenerse y tomar el sentido inverso, volviendo a condensarse rápidamente.
Las estrellas se juntarán, los planetas alcanzarán una temperatura cada vez más extrema y toda la vida desaparecerá completamente para renovarse en el siguiente “Big Bang”.

Conociendo que el tiempo cósmico no es relativo y el espacio absoluto es infinito, este suceso se viene produciendo desde siempre, y no sólo una vez. Sino que infinidad de universos nacen cada día mientras otros mueren en los insondables abismos de la vasta eternidad.  

Lo curioso de este suceso que hoy estudian los científicos es que ya fue descrito por Budha Sakiamuni hace unos dos mil quinientos años aproximadamente, quien supo percibirlo a través de su profunda meditación, y que está recogido en el canon pali de la escuela Theravada, guardado dentro de las Tres Canastas.

En uno de los sutras llamado “Conversaciones con Brahma”, el Maestro Iluminado expone el origen y fin del universo tal como hemos relatado según la ciencia, así como el renacer de la vida después del cataclismo anterior que destruyó a todos los seres y a todos los mundos.

De la misma forma, en el Apocalipsis de San Juan podemos leer los recuerdos del futuro-pasado que el apóstol preferido de Jesús fue capaz de percibir y relatar.

Conociendo que la consciencia, el espíritu, no nace de la carne, ni es materia, necesariamente deberá ser otra cosa, aunque esté vinculado a la forma por alguna suerte de hechizo cósmico.
Por tanto, si la consciencia va saltando de cuerpo en cuerpo, de casa en casa ¿por qué no pensar que, en alguna parte del almacén de nuestros recuerdos se ubica la memoria de este cataclismo que se encuentra todavía latente dada la gran impresión que nos produjo?

Y volviendo a la Ciudad de Luz, ¿es posible que, de alguna forma, todas las consciencias, hace eones, viviéramos juntas en un idílico Jardín del Edén, pero que, movidas por la soberbia, olvidásemos nuestra espiritualidad en favor de un materialismo galopante y fuésemos condenadas a vagar, como Ulises, por los mares de la eternidad hechizados por los placeres de Calipso, el mundo del deseo, mientras el Recuerdo de Ícata y de Penélope sigue latente en nuestras consciencias?

Y, curiosamente, ¿no es ése el mismo error que está cometiendo la sociedad del momento? ¿Nos veremos, más pronto que tarde, condenados a las profundidades del mar acompañados de toda nuestra “avanzada” tecnología por haber olvidado lo verdaderamente esencial, lo que realmente importa?

Muchas personas buscan la Atlántida en el Mar Mediterráneo, cuando quizás harían mejor en buscarla dentro de sí mismos, porque, de alguna forma, la Ciudad de Luz Original resucitó al tercer día, recatada por Zeus para poder albergar las almas que, tras errar durante milenios por el mar, supieron encontrar el camino de regreso a Casa.

Quizás Platón unió el recuerdo latente en su subconsciente del cataclismo de la Ciudad de Luz, con el suceso real de la destrucción de Thira, para dar luz a una verdad más profunda que hemos querido llamar Atlántida.

Y así existe la Atlántida; real para algunos, sueño para otros, y quimera para terceros. Y así se presenta todo a los ojos de los hombres pues cada quien tiene su propio camino, y en cada camino, uno ve lo que quiere ver y lo que lleva consigo.

Si este relato ha sonado en sus corazones como el recuerdo de un lugar que ya conocen, no dejen de buscar esta Ciudad ahora que saben que una vez estuvieron allí y emprendan el Noble Camino de Retorno hacia sus fronteras.


martes, 30 de septiembre de 2014

El Samá o la Danza de los Derviches







El Estado Iluminado del que nos habla la mística es un lugar donde no hay el menor atisbo de oscuridad y la mente descansa en su estado primigenio. De esta forma podemos decir que la mente y la forma se hacen una misma cosa, pues se han unido en un todo armonioso y, aunque la materia esté ligada naturalmente a las leyes causales, habrá trascendido el mundo fenoménico.

El dolor y la pena del alma es el lenguaje secreto que utiliza Dios para decirnos:

“¡Búscame con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, con toda tu mente y con todos tus recursos! Nadie en la tierra puede calmar el dolor de quien se encuentra sediento de cielo”

Y así nace la medicina del alma de los derviches.

La primera vez que se introdujeron instrumentos musicales en las ceremonias espirituales del mundo islámico fue gracias a la inspiración del maestro Djalal al Din Rumi.
El canto del ney, según el Sheij de Konya, se asemeja al lamento del alma por la separación de su Señor, la cual se dio en tiempos sin principio. Los tristes sonidos del laúd y del timbal están cargados de melancolía, y cuando escuchas al viento convertirse en notas musicales, algo en el pecho se estremece. Cuando oyes la vibración de las cuerdas quejarse de dolor y los golpes de los timbales acompasar el ritmo sangrante del corazón, un antiguo pesar del alma emerge a la superficie.

Dejándote llevar por su canto, la música sufí conduce al alma mortal hacia la comunión con esa parte de nosotros mismos que espera pacientemente emprender el Camino de Retorno hacia su Señor. El embrujo del laúd vuelve a reunir lo que un día se dividió… pero ese encuentro se produce sin pesar, sin la sensación de aferramiento del propio ego a su existencia ficticia.

La música sufí, por unos segundos, apacigua la bestia que llevamos dentro y la conduce hasta su morada original, donde se funde con la Realidad y desaparece.

Junto con el sonido de los instrumentos, los derviches que seguimos el sendero de Rumi giramos en torno a nosotros mismos, imitando así el movimiento de la forma en la Creación; lo que algunos aseguran pudiera ser la oración primigenia que realizan, conscientes o no, todos los seres.

Por tal razón, el derviche, voluntariamente, danza con el cosmos girando hacia la izquierda, involucrándose en el movimiento de todo lo que se manifiesta pues, como dice el Sagrado Corán:

“Toda la Creación canta alabanzas al Señor de los mundos. Unos voluntariamente y otros sin darse cuenta”

El movimiento de los astros alrededor del sol, el flujo de la circulación de la sangre a través del cuerpo circunvalando el corazón, el tawwaf de los peregrinos en la Kaaba o el camino de los ángeles cuando dan vueltas alrededor del Trono de Dios es la oración original, voluntaria y obligatoria en este mundo relativo pues, los elementos que componen los átomos y que giran alrededor de su núcleo, realizan también este mismo ritual.

Los derviches giróvagos damos vueltas en el sentido del universo, uniéndonos a él en adoración voluntaria a nuestro Señor.

Al ver a los sufíes mevlevies, algunos occidentales interpretaron que el giro incesante del cuerpo nos sugestionaba, adentrándonos en una especie de trance producido por la pérdida del control de los sentidos. Sin embargo, esta deducción es absurda, pues en ningún momento el derviche pierde el norte a causa del giro, sino más bien todo lo contrario. Con la experiencia del giro siente que su corazón se abre y purifica, recuperando la Comunicación con el Todo que se manifiesta en lágrimas y Gozo.

Al ir practicando esta danza cósmica, el derviche irá asimilando el movimiento, dándose cuenta de que, si bien las primeras jornadas quizás caiga al suelo con los sentidos distorsionados, cuando el estado real de introspección atrapa el corazón, el giro será tan solo la forma exterior de la oración, pues la esencia se manifestará en el alma, que es quien verdaderamente podrá experimentar el éxtasis.

Cuando el derviche danza, su pie izquierdo será el nexo que lo unirá con la tierra constantemente, dando vueltas al compás del cuerpo, sin elevarse del piso, mientras el pie derecho impulsará el giro en sentido adverso a las agujas del reloj.

Contrariamente a las otras técnicas, el punto de atención aquí será el corazón.

Si bien las manos estarán recogidas primeramente sobre el pecho, como preservando una preciosa joya, irán extendiéndose a medida que el giro vaya tomando cuerpo, asemejándose al florecer de una rosa que abre sus pétalos para recibir la luz que proviene del Sol de su Señor.

La cabeza estará levemente inclinada hacia la derecha y los ojos quedarán entre abiertos.
Aprender a mantener la mirada interior será fundamental para ir salvando los efectos embriagantes del giro.

Al extender los brazos, permanecerán paralelos al piso. La mano izquierda estará vuelta hacia abajo, al contrario que la derecha, que extenderá la palma hacia arriba.

Con el giro, Allah, Bendito sea, si lo desea, enviará Su Aliento al giróvago, la Báraka, la cual penetrará en el cuerpo a través de la mano que tenemos vuelta hacia el cielo, seguirá su camino hacia el corazón, purificando el espejo donde se refleja, para salir al exterior llegando a todas las criaturas a través de la mano izquierda. También podrá entrar por nuestra coronilla y repartirse desde allí.

Sabemos que el samá produce y proporciona sosiego mental comparable a los estados de calma más profundos a los que también se puede llegar con las técnicas budistas e hinduistas, con la única diferencia sustancial, obviando la devoción sufí a la única Deidad, del movimiento implícito en esta práctica.

Si la admiración del baile de los derviches, junto con la música del laúd y del ney, produce en el espectador un impacto espiritual como pocas veces se haya podido experimentar, sentir el giro al compás de la Danza del Cosmos puede abrir también nuestro corazón a otras realidades. Es, sencillamente, otra forma de rezar, otra manera de acercarnos a Dios.

Al mismo tiempo que giramos, la recitación de los Nombres de Dios o el canto salmodiado de alguna oración será también fundamental.
Girar con la música del laúd y del ney de fondo puede ser una manera adecuada de introducirnos en la técnica.

Se siguen difundiendo, a pesar de los años y de la masacre que sufrieron los miembros de la cofradía Mevlevi, historias increíbles sobre las bendiciones del giro y los estados elevados de Maulana Djalal al Din Rumi.
Los poemas que escribió han sido fuente de inspiración para místicos cristianos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa, y la gran mayoría de occidentales que hemos entrado en la senda del misticismo sufi, debemos a los poemas de Rumi e ibn al Arabi de Murcia, la gracia de habernos vuelto el corazón hacia el Camino de la Unicidad.

En los círculos de Dhikr de algunas tariqas se siguen contando relatos que aseguran que algunos de los derviches de la escuela de Rumi, concretamente en Estambul, han sido tan diestros aligerando la carga de sus corazones que, al realizar el giro, fueron capaces de elevarse por los aires físicamente.

De igual forma se cuenta que los discípulos más avanzados del Maestro de Konya, en aquellos tiempos, debían alcanzar la misma realización para poder pertenecer a la cofradía.

jueves, 4 de septiembre de 2014

CLASES DE MEDITACIÓN



Hola a todos, como es habitual, dejamos el verano y regresamos al trabajo, los días se van haciendo más cortos y la oscuridad va ganando la partida a la luz. Nosotros, para contrarrestar la rutina, empezamos el nuevo curso de meditación para nuevos y antiguos alumnos. 

Este año tenemos dos propuestas: un día a la semana en sesiones de una hora (laborable), o dos fines de semana al mes en sesiones de dos horas (sábado o domingo) donde volveremos a recordar los fundamentos de la meditación, cómo realizar una sesión y sobre todo práctica, práctica y práctica. 

En este nuevo formato los antiguos y nuevos alumnos podrán coincidir en las clases pues empezaremos por las técnicas y fundamentos esenciales ya que el tiempo me ha enseñado que las cosas se van olvidando y es necesario renovarlas, tenerlas siempre presentes. 

Igualmente este año, para quien complete el curso, entregaremos diploma final. Quien esté interesado puede ponerse en contacto conmigo a través de email, por facebook o, si tenéis mi móvil, pues eso. 

Id reservando plaza para que pueda elaborar los grupos, no lo dejéis para el final. Igualmente, si conocéis al alguien interesado, agradecería la difusión. 

Tenemos tres localidades Linares, Jaén y Martos (ésta última no está clara todavía) 

Igualmente, si sois de otra ciudad o provincia y tenéis un grupo, preguntadme precio o coste de las clases individuales. Muchas gracias, un abrazo¡¡¡

latabernadelderviche@outlook.com 

sábado, 9 de agosto de 2014



"Imagina que no hay Cielo. Es fácil si lo intentas. Sin infierno bajo nosotros. Encima solo el cielo. Imagina a todo el mundo viviendo el día a día... Imagina que no hay países. No es difícil hacerlo. Nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión. Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz... Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros, para que el mundo sea uno solo. Imagina que no hay posesiones. Me pregunto si puedes. Sin necesidad de gula o hambruna. Una hermandad de hombres y mujeres. Imagínate a todos compartiendo el mundo... Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros, para que el mundo sea uno solo." John Lennon - Imagine 

http://www.youtube.com/watch?v=JDzQLQ952ZU

miércoles, 30 de julio de 2014

La Noche Oscura del Alma



Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? La noche es oscura y fría. La nublosa opacidad hace aún más insondable el mar que rodea la playa. De la misma forma, espesas nubes me han apartado de la visión de mi Amada, de Su Bendita Presencia, del calor de Su mirada en mi corazón. Los velos del ego han caído de nuevo, ocultándome, a los ojos del alma, la belleza de Su Rostro, el perfume de la devoción. Este nuevo néctar es el sabor de la tristeza ante la ausencia del Dador de la vida, de Aquel que vivifica por completo mi ser. Este estado es el agridulce dolor del silencio de Dios, o de mi incapacidad de volver oírle, lo que ha hundido mi alma en otra noche más profunda y oscura aún que la exterior. Sé que perdí mi camino movido por las pasiones mundanas, por la vanidad del ego, por la falsa seguridad y el engreimiento, por la seducción del “yo quiero esto” en lugar del “tan solo te quiero a Ti”. No has sido Tú quien ha soltado mi mano, tan solo apartaste la mirada para no ver cómo caía de nuevo en la trampa de este mundo, en los juegos del Dunia, siguiendo los pasos de la muerte. Fui yo quien te negó tres veces, quien te vendió por treinta monedas, quien te dejó solo y abandonado en el madero. El desánimo regresa a mi alma barriendo todo hálito de santidad, que me se ha escapado entre mis manos como la arena de esta duna. ¿Acaso estaré solo de nuevo? Amada, Madre, Esposa, Amiga… Laila, Diosa mía. ¿Dónde se va la luz cuando nos deja? Echo de menos Tu Abrazo en las noches de luna llena, echo de menos mi alma expandida ante Tu Recuerdo. ¿Dónde está esa estrella fugaz que a veces me mandas, guiñándome un ojo? ¿Dónde ahora reside el Jidr, santo y guía del sufismo? El que toma cualquier forma para enseñar de nuevo el camino a los que se han perdido ¿Por qué no aparece cuando más le necesito? No lejos de aquí se le vio caminando encima de las aguas, trayendo la ambrosía de Laila en una copa para que bebieran los que tenían sed. ¿Ni tan siquiera tú me reconoces ya? ¡Tanto he cambiado! ¡Tanto me he extraviado! ¡Pobre alma mía! Debo encontrar de nuevo el sendero de baldosas amarillas para regresar a Oz en busca de mi alma olvidada. Debo morir a toda esta oscuridad, emprender otra vez el camino de la humildad y la renuncia. Mi Amada no soporta ser compartida. Mi Amada es celosa y castiga mi alma cuando, sin pensarlo, cometo alguna estupidez. Mientras iba de Su mano por el Jardín, por azar mis ojos miraron la flor. Entonces sentí vergüenza, pues teniendo tan cerca Su rostro, sin embargo mis ojos se posaron en la flor. Pero Ella también perdona hasta setenta veces siete. Más insoldable que Su ira, es Su Compasión. Poco a poco las nubes se van apartando. A los lejos se pueden ver los primeros rayos del amanecer. Oh Señora mía, como no llego a Tu Cielo, en la tierra me postro, y la tierra beso. El color anaranjado de la claridad de la mañana me insufla la esperanza de la reconciliación y regreso a casa. Paso a paso me alejo de mar, pero todavía puedo oír el rumor de las olas en mi mente. Frente a mi hogar espera una familia para entregarme un pequeño panfleto. Hablo un rato con el padre, que lleva a sus dos hijos con él para predicar el evangelio. Antes de despedirnos, el más pequeño, de unos cinco años, me mira a los ojos y me ofrece el trozo de papel diciendo - Aunque se te haya olvidado, es Dios quien salva – De repente mi mano, al encuentro con la suya, comienza a temblar. Mi voz, tremola, delata Tu presencia. ¡Te he reconocido, oh enviado de Dios! Esta vez no tomaste la forma de estrella fugaz, ni de pajarillo, ni de sabio mendicante, sino de un inocente niño. Hoy te he visto. Te he visto y me has hablado. Hoy ha nacido en mi alma el Sol. ¿De dónde viene la luz cuando regresa?    


viernes, 18 de julio de 2014

Jesús de Nazareth, más que un Budha



Permítanme contarles una vieja historia como nunca antes la han escuchado, un antiguo cuento que haré nuevo para todos ustedes, la vida de un hombre que se convirtió en un Budha, de un Budha que se hizo Dios. Y no digo un dios, sino Dios.
Podrán creerme o no, allá ustedes, que no es mi misión hacer apostolado, ni tener discípulos o crear una nueva religión, sino contar historias, y con esas historias, hacerles soñar con un mundo nuevo y mejor. Con un mundo donde, a través del propio esfuerzo, unido a amor y a la devoción, se puede trascender la naturaleza de todas las cosas.
Pues verán, empiezo, hace mucho tiempo, en una lejana tierra, en el seno de una familia muy humilde, una mujer quedó encinta. Devota esposa y fiel amante de su marido, tenían ellos una extraña religión que adoraba a un solo Dios que, además, no podía ser visto.
Rara situación era ésta, que se adore lo que no se puede ver, ni tocar, ni oler, ni visitar en cualquier templo. Pero, en cambio, ese Dios podía ser sentido y oído, y Su Santuario se encontraba en el corazón de todos los seres. ¡Esa era su morada! Porque ¿cómo poner puertas al mar o ventanas al cielo? ¿De qué manera se puede encerrar la Inmensidad? 
Era tal la relación que tenían con aquella Divinidad, que se consagraron por completo a buscar Su Presencia, y por consiguiente, le consagraron igualmente la criatura que ella llevaba en su vientre.
Desde aquel momento, sucesos imposibles comenzaron a acontecer. Visiones celestiales, música angelical, premoniciones. Una nueva comunicación se había abierto con la Eternidad, quizás a causa de la criatura no nacida o quizás a causa de su propia intimidad con aquel Dios invisible al que se podía llegar a través de la fe.
Tal vez las profecías del aquel antiguo pueblo se habían cumplido, puede que fuesen ellos los custodios de un Maestro destinado a guiar a la humanidad. Madre y Padre del Príncipe de la Paz.
A causa de la tiranía del opresor, temiendo por sus vidas, avisados en sueños por una inspiración divina, salieron de su tierra buscando un nuevo destino lejos de la cruz imperialista. Así, de esa guisa, en algún lugar al abrigo de la noche, nació el niño que estaba destinado a convertirse en el Hijo de Dios.
Y los milagros continuaron sucediendo a su alrededor. Extraños personajes se les acercaban viendo en el pequeño al profeta más grande de todos los tiempos.
Así el niño fue creciendo, y en su interior, una llamada, un anhelo, una extraña intimidad con aquel Dios desconocido para el extranjero, e incluso desconocido también para los de su propia nación, pues el joven había aprendido a ver a Dios en las cosas y a las cosas en Dios, hasta que ya no hizo distinción entre unas y otro, sino que todo lo existente era el cuerpo del Señor.
Aprendió también a callarse a sí mismo para aprender a escuchar la música de las esferas, aprendió a distinguir el susurro de la creación, una nana que cantaba el Padre del mundo, una secreta confidencia entre la criatura y su Creador.
Y ese anhelo, lejos de menguar, fue creciendo más y más. Y viajó por esa bendita tierra aprendiendo el conocimiento de los místicos del saber de su propia religión, santos, eruditos, profetas… de todos ellos bebió, hasta que por fin encontró a quien lavó su cuerpo en las benditas aguas de la purificación, enderezó su camino allanando los caminos del Señor.
Entonces sucedió algo prodigioso. Cierta mañana, en su bautismo, cuando salió del río, se oyó la Voz de ese buen Dios, que a la vista de todos, confesó: - Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy –
El impacto fue tal, que tuvo que retirarse a un lugar desértico para asimilar lo que había vivido, para vestirse de Iluminación, para estar a solas con su alma, para llorar y templar su mente en aquel nuevo estado, superar los miedos y vencer al ego, a los apegos, a la ira, al rechazo y al miedo, para alejarse de todo lo que le alejaba de Dios. Un nuevo ser había nacido, más perfecto que el anterior. Ya no había otra cosa en su corazón que no pronunciara el Nombre de Dios.
Por la fortuna del Señor, y por su enorme devoción, había llegado hasta la Flor de Loto del Último Límite, había alcanzado lo que otros llamaban la Budeidad.
Dentro de su alma se despertaron poderes latentes, podía realizar milagros, curar enfermos, expulsar demonios, ver el futuro y resucitar a los muertos. Todo esto pudo hacerlo porque se había vencido a sí mismo, había vencido al mundo y retornado al seno del Señor.
Pero no solo curaba cuerpos, sino también el alma de los paralíticos que no querían esforzarse para levantarse de su mediocridad y luchar por ser algo mejor. A los leprosos de espíritu, que apestaban a todos con el hedor de su vanidad. A los ciegos, que se negaban a ver la Gloria de ese Buen Dios. Y además resucitaba a los muertos en vida, enseñándoles que la existencia es mucho más que disfrutar de los placeres del buen vino y el buen yantar.
En su camino tuvo predilección por los pobres, por los afligidos, por los desahuciados y enfermos… aquellos a los que nadie quería ni prestaba atención. De su mano, el Amor de Dios llegó a ellos con este mensaje:
- Recordadme, que Yo nunca os he olvidado. Regresad a Mí, que mi Paraíso no está completo sin ti -
Pero tampoco fue esto suficiente para aquél que conocieron con el nombre de Jesús, pues, aunque llegó a la Budeidad, su sed de Dios no se apagó, y para hacerse más digno, aun siendo ya perfecto, quiso superar los límites de la iluminación.
Aunque sentía a Dios muy cerca, seguía habiendo distancia entre los dos, y aquella distancia era lo que le quebraba el alma, el dolor que le hacía pasar las noches en vela llorando de pasión. Aun llegando a donde nadie había llegado, todavía no estaba colmada su entrega y su devoción.
Entonces fue probado de nuevo, se hizo una flecha en las manos de aquel extraño Dios, que le pidió absolutamente todo lo que tenía, y él se lo entregó. Le entregó su cuerpo, y fue arrestado, maltratado y asesinado como un malhechor.
Le entregó su posición, y todos sus discípulos le dieron la espalda y le abandonaron en los momentos de miedo y terror.
Le entregó también su nombre, olvidando que era Hijo de Dios.
Le entregó a su madre, le entregó su vida y finalmente le entregó su espíritu con una exhalación. Y justo en aquel momento, la tierra detuvo su órbita y se estremeció, porque el que había nacido como hombre, el que fue reconocido como Hijo, ahora se había fundido en el Señor. Ahora eran Uno y el mismo. El hombre ya no existía, quizás nunca existió, ahora quedaba Dios solo, Uno solo, Jesús había conseguido por fin destruir el maldito dos. Así, a los tres días, con un nuevo cuerpo, el que nació como hombre resucitaba como Dios, y todos sabemos que Dios no puede morir.
Esta es la historia de un hombre que se convirtió en un Budha, de un Budha que quiso dejar de serlo para fundirse en Dios. Quizás piensen que es un cuento triste, pero realmente es una historia de Amor. Un Amor tan grande que consiguió unir tres en uno, Amante, Amor y Amado, hasta que solo Dios quedó. Una historia que nos enseña que, allá donde la virtud florece, en cualquier acto cotidiano cuajado de compasión, está el camino al cielo, está el abrazo del Señor.

Jesús, el Budha, eres tú mismo, hombre o mujer, que te sientes inspirado a llenar tu vida con actos de amor. Allá donde la virtud florezca, está el espíritu del Hijo de Dios. Por eso Jesús no ha muerto, y donde dos o tres se reúnen para ayudar al enfermo, al necesitado, a la viuda o al huérfano, él está trabajando también en medio de ellos. Tan solo hay que querer reconocerlo. Él no es diferente a la mejor versión de ti, como tú no eres diferente de Dios. Jesús está en ti, como lo está Dios, pero recuerda que Jesús es el Caminante, el Amante. Nuestras acciones son el Camino, también llamado el Espíritu del Santo del Amor. Y el Amado es nuestra meta, otro de los Nombres de Dios. Nunca hubo otra trinidad que esta, y al final, el secreto está en que solo hay Uno, sin tres, sin dos, sin Jesús, sin ti, sin mí, sin otro yo que Dios… Pues más allá de Él, todo es ilusión.