"El
Ganges se pasea frente a mí mientras las riberas de los Gats de Varanasi se van
llenando de gente. La contaminación del río, no lo hace menos sagrado. Mis
errores pasados tampoco me quitan mi potencial de santidad. El río fluye con la
vida. El amanecer y el anochecer se suceden con un extraño encanto que me
enseña que todo fluye, que todo pasa, que nada permanece, y, curiosamente, en
esa impermanencia, e incluso en mi propia imperfección, encuentro la esperanza
de un mañana mejor. Mirando el río, no encuentro el lugar donde el río es río,
donde las aguas han cambiado su nombre. El río es otro de tantos procesos de la
existencia, como mi yo, como la fantasía de mi vida y quién creo ser. ¿Qué le
pasa al río cuando desemboca si nunca ha dejado de nacer de la montaña ni de
ahogarse en el mar? ¿Qué le pasa al río cuando descubre que no es tal? El
viento trae el murmullo de los mantras y el canto arrullado de los versos del
Corán. El río es más bello cuando está libre. Sus aguas no vuelven, no se
detienen a mirar atrás. Este momento es más bello si puedes llenarlo de ti y
dejarlo pasar. Nada es para siempre, pero el ahora lo puedes disfrutar. En los
Gats la gente hace sus abluciones, pero a Dios no le interesa la fachada de su
templo, si no el interior de tu corazón. Bebe del río de la vida, conviértete en
sonrisa, que un suspiro en el viento no debería guardar tanto dolor…" La Taberna del Derviche
"Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. Es pasto para gacelas y convento de monjes cristianos. Para los ídolos templo. Kaaba para el peregrino. Es las Tablas de la Torah y es el libro del Corán. La religión del Amor sigo, hacia donde me lleve su cabalgadura, pues Amor es mi Destino y mi fe." Ibn al Arabi
sábado, 24 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Las Uvas del Profeta (s.a.s.)
"Un día, un hombre muy pobre trajo un racimo de uvas al Profeta Muhammad como regalo y le dijo: - ¡Oh Profeta de Allah, por favor acepta este pequeño regalo de mi parte! - Al poder ofrecer su obsequio al Profeta, el rostro del hombre se iluminó porque era evidente que le amaba mucho y que apenas tenía medios para comer él mismo. Muhammad entonces le dio las gracias amablemente y probó las uvas. A medida que el Profeta iba comiendo uvas, el hombre lo miraba expectante. Así, el Profeta se comió una, luego se comió otra y poco a poco terminó todo el racimo él solo, haciendo gestos de agrado. El pobre hombre se puso muy contento y al cabo de un rato se fue. Los compañeros del Profeta que estaban a su alrededor se sorprendieron. Por lo general, Muhammad compartía con ellos todo lo que tenía, pero esta vez había sido diferente. Así, uno de ellos le preguntó respetuosamente - Oh Profeta de Allah ¿Cómo es que te has comido todas las uvas y no nos ofreciste a nosotros? - El Profeta sonrió y dijo; - Me comí yo todas la uvas porque estaban ácidas. Si les hubiera ofrecido a ustedes, podrían haber puesto mala cara y mostrado su disgusto. Eso habría herido los sentimientos de ese pobre hombre, así que me dije a mí mismo que mejor que me las comiera todas yo y así complacería al pobre hombre y no heriría sus sentimientos”. Tal era el carácter y la forma de ser de nuestro amado Profeta Muhammad (s.a.s.)
miércoles, 14 de enero de 2015
Cuentos para Unirnos
"Un anciano indio, queriendo enseñar a sus nietos, les dijo: - Hay una batalla teniendo lugar en mi interior. Es una pelea terrible entre dos lobos. Un lobo representa el miedo, el odio, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la culpa, la auto-compasión, la inferioridad, la mentira y el ego. El otro es la alegría, la paz, el amor, la bondad, la esperanza, la serenidad, la compasión, la generosidad, la amabilidad, la amistad, la humildad y la verdad - Entonces miró a los niños y les dijo: - Esa misma lucha está teniendo lugar también en vuestro interior y en el interior de todos los seres humanos. - Los niños se quedaron un rato pensando y al fin uno preguntó: - ¿Cuál de los dos lobos ganará? - Y el anciano respondió: - El que tú alimentes -” Cuento Cherokee
"El discípulo a su maestro: - Baba, ¿Qué parte del cuerpo es más importante? – A lo que el maestro respondió: ¡El corazón, hijo mío! Éste es el Templo del Señor en nuestro interior. Cuando Dios baja del cielo, se sienta en él. En el corazón, además, viven todos nuestros seres queridos, pasados, presentes y futuros. Los que ya se han ido todavía permanecen en él, los que están, están, y los que han de venir tienen su lugar preparado aquí. ¡Fíjate qué importante es tenerlo siempre limpio y adecentado! Del corazón sale además todo lo bueno y lo malo de la gente. Si tu corazón está sano, todo tu cuerpo lo estará." La Taberna del Derviche
“Hace algún tiempo, un
sultán, conociendo que en su comarca se reunía un gran maestro sufí con sus
discípulos, le envió un mensajero rogando que le confiara a alguno de sus hijos
para instruir a su pueblo, pues en verdad estaban necesitados de
orientación. Apiadándose de ellos, el sabio llamó a tres de sus discípulos para
hacer una selección y le preguntó al primero: - Hijo mío, si alguien se
comporta bondadosamente contigo ¿cómo le responderías? – Oh maestro, sin duda
yo me comportaría bondadosamente con él - ¡Muy bien! Sin embargo, ¿qué harías
si alguien se comportara mal contigo? – Oh maestro, le pagaría con la misma
moneda, pues esto sería lo más justo – El sabio lo despidió y llamó al segundo
discípulo, haciéndole la misma pregunta y recibiendo idéntica respuesta.
Después llamó al tercero y le dijo: - Hijo mío, si alguien se comporta
bondadosamente contigo ¿cómo le responderías? – Oh maestro, sin duda me comportaría
bondadosamente con él - ¡Muy bien! Sin embargo, ¿qué harías si alguien se
comportara mal contigo? – Igualmente le respondería con bondad – dijo el
muchacho. Gratamente sorprendido, el maestro le preguntó: - ¿Cómo es eso?
¿Acaso no sería justo que tú le devolvieras mal por mal? – Sí, maestro, pero
ése no es el legado de Jesús, hijo de María, y yo no puedo dar algo que no
tengo. Así, él seguiría actuando de forma malvada y yo de forma correcta hasta
que mi comportamiento lograse vencer al suyo – El maestro, muy orgulloso, envió
al sultán al tercer discípulo como verdadero hijo de sus entrañas.” Sheij al
Arabi al Darqawi
domingo, 11 de enero de 2015
Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista
"Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista. No soy Charlie Hebdo porque no me gusta insultar, vejar y ridiculizar la religión islámica, cristiana, judía, o cualquier otra escudándome en un supuesto humor que a muy pocos hace gracia. Y no soy un asesino porque no concibo quitarle la vida a otro porque piense diferente a mí. Desde pequeño me enseñaron que hay cosas sagradas para los seres humanos: la familia, la dignidad, la religión… y Cherlie Hebdo mostró un total desprecio hiriendo el alma de mucha gente, degradando al mundo árabe, propagando sin pudor la xenofobia, comparando el Islam con terrorismo y a todos los musulmanes con fanáticos religiosos. De pequeño también me enseñaron que Libertad no es sinónimo de hacer lo que a cada uno le venga en gana, donde termina tu libertad empieza la mía, y ese derecho fundamental deberíamos utilizarlo para tender puentes, no para enfrentar culturas. El Respeto es la base de la convivencia. Por eso tampoco puedo entender que haya seres que, en aras de sus convicciones, fusil en mano, decidan quitar la vida de otros. Así no sólo se convierten en asesinos, sino que, como dijo Saramago, hacen de Dios también un asesino. Yo prefiero convivir con los hombres que matarlos, prefiero sonreírles con amabilidad cuando nos cruzamos por la calle que utilizarlos para divertirme, prefiero vivir en paz en un sitio donde haya muchos puntos de vista que en un lugar donde sólo unos pocos se alcen con la verdad. Yo no soy Charlie Hebdo, ni me sumo lo que hacía, pero tampoco soy un asesino, ni jamás lo seré. Tan sólo soy alguien anónimo que desea, como la inmensa mayoría de mis hermanos y hermanas, vivir en paz y dejar vivir también en paz. Yo no soy Charlie Hebdo, pero tampoco soy un terrorista."
sábado, 3 de enero de 2015
El Cielo y el Infierno
"Cuenta un antiguo relato japonés que un Samurái pidió a un
maestro Zen que le explicara el concepto de cielo e infierno. No obstante el
monje respondió con desdén: - No eres más que un idiota. ¡No puedo perder el
tiempo con individuos como tú! - Herido en lo más profundo de su ser, el Samurái
se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: - ¡Te mataré por tu
impertinencia! - Eso - repuso el monje con calma - es el infierno -
Desconcertado al percibir la sabiduría en lo que el maestro le señalaba con
respecto a la furia que lo dominaba, el Samurái se serenó, envainó la espada y
se inclinó, agradeciendo al monje la lección. - Y eso, amigo mío - añadió el
monje - es el cielo." Extracto del libro DEL TAI-CHI AL TAO
domingo, 14 de diciembre de 2014
Feliz Natividad
¡Maran Athá! ¡El Señor viene!
Jesús está naciendo de nuevo cada día, con cada niño que viene al mundo,
en cada pecho que se estremece ante el sufrimiento ajeno y en cada alma que
ansia la paz.
Belén es cada casa, y Jerusalén es el mundo entero. En toda la creación
arde la zarza que vio Moisés en el Sinaí y los Magos ya hemos salido a buscar
al Niño, a recorrer los caminos externos e internos para reconocer al Mesías,
al Hijo del Dios vivo que hemos presentido en nuestros sueños, que hemos visto
anunciado en los cielos por una Estrella.
Los antiguos Magos, sin ser judíos, siguieron la luz que les guió hasta
el Hijo de Dios, y ni José ni María les pidieron que cambiasen de religión para
poder reconocer y adorar al niño. Tan solo se postraron ante él y nada más. Después
siguieron con sus vidas, llenos de gozo, con su fe renovada, creyendo que todo
podría cambiar, que los hombres podríamos cambiar.
Navidad significa Nacimiento, el nacimiento del Hijo de Dios, de los hijos de Dios... y quizás eso es lo que deberíamos
celebrar en este tiempo, ya que, como decía el poeta persa Djalal al Din Rumi: -
La virgen María es nuestro cuerpo y todos llevamos un Jesús dentro – A
semejanza de aquél que cambió el mundo hace ahora más de dos mil años.
Quizás hemos olvidado al Jesús que mora en nuestro interior, como hemos
olvidado al Jesús que mora en el Cielo… quizás hemos olvidado que podemos ser
mejores personas. Y tal vez ése sea el espíritu de la Navidad, a pesar de los
grandes centros comerciales, a pesar de los intereses de los reyes Herodes de estos
tiempos.
Si el ser humano cree, podrá ver a Dios en la piedra, en los árboles,
en los ríos, en sus semejantes. Pero si no cree solamente verá piedras,
árboles, ríos y gente… Entonces no reconocerá la luz de la estrella llamándole hacia
Belén y no se atreverá a subir la montaña deseando el encuentro con el Hijo de
Dios.
A la sazón será uno de aquellos que cogieron la espada y mataron a tantos
inocentes para sacrificar al espíritu de la Verdad, pero el espíritu de la
Verdad no puede morir, y ya está rumbo a cumplir su destino, porque podrán cortar todos los árboles, pero no podrán
parar la primavera. ¡Feliz Natividad!
sábado, 1 de noviembre de 2014
El Sueño de la Atlántida
Desde que tengo recuerdos, me fascinó
la idea de una Ciudad Inmortal.
Una Ciudad más allá de la vida y de la muerte. Más allá de este mundo y de
cualquier otro.
En el fondo de mi corazón busqué las coordenadas de una Ciudad en las
Nubes, una Ciudad de Luz que, quizás, visité en sueños, y a la que tal vez volveré
al final de mi paso por este pequeño planeta azul.
Lejos, allende las nieves perpetuas de las poderosas cumbres de los
picos nevados del Himalaya, escondida de la vista de los seres, entre los
pliegues de alguna dimensión desconocida, apareciendo disimuladamente en el
desierto del Gobi, existe este lugar, y numerosas son las culturas nos han
narrado historias de una extraña Ciudad que se alzaba majestuosa entre este
mundo y el otro.
Shambhala, Erks, Shangri-la,
Ibez, Agartha, La Ciudad de Luz, la Jerusalén Celeste, Shams, el Reino de los
Cielos, el Jardín del Edén, Hastinapura o la Atlántida… Ha tenido muchos nombres, pero todas las tradiciones
relataban que sus habitantes, allí, eran como niños, y que para entrar en ella
debíamos nacer de nuevo.
Los que han visto sus murallas quedan prendados de su semblante y ya no
anhelan ir a otro lugar. Su Reino ya no es de este mundo, ni su mundo de este
mundo pues se han convertido en ciudadanos del cielo.
Los que han oído el rumor de su presencia ya no vuelven a desear oír
otra cosa, e intentan, desde la tierra de los hombres, imitar los sonidos que
puedan abrir de nuevo los puentes que les conduzcan a esa Ciudad Eterna. De
esta inspiración nacieron los mantras, los versos sagrados y la poesía mística,
intentando asemejarse a la música de los reinos celestiales, al canto de las
inteligencias puras, a las voces de los Seres Iluminados que, locos de pasión,
alaban al Ser Supremo.
Quienes han degustado sus frutos saben que todo lo que pertenece a este
mundo no calma la sed. Por eso no quieren nada de este lugar.
Quienes conocen la existencia de la Ciudad de Luz saben dónde está su
hogar y ya no vuelven a preocuparse más sobre qué comerán o cómo vestirán, pues
han visto dónde están realmente sus vestidos y dónde los verdaderos alimentos,
de dónde han venido y hacia dónde han de regresar, y ya sólo queda encontrar el
Camino hacia la Eternidad.
Investigando sobre ella también me di cuenta de que, cuando hablaba
acerca de las leyendas de esta supuesta Ciudad con alguien cuya consciencia
había superado los límites del mundo material, un brillo muy especial aparecía
en sus ojos, mostrándome su ubicación oculta en los insondables abismos de la
consciencia humana que, de alguna forma, no ha querido, ni podido, deshacerse
de esa luz a pesar del tiempo ni del viaje entre vidas.
Entonces me pregunté si sería posible que esta ilusión, este sueño,
fuese en realidad el recuerdo de algún lugar que existió, o que existe, pero
que abandonamos hace enormes cantidades de tiempo, y al que anhelamos regresar.
Como por un pálpito devoré las historias, mitos y leyendas que han
llegado hasta nosotros a través de todas las épocas. Investigué igualmente en
el fondo de mi consciencia y descubrí que los hombres, a pesar de las diversas
tradiciones y del pasar de los años, hemos “imaginado” y pretendido recrear un
Paraíso Perdido en la Tierra. La respuesta la tenía ante mis ojos. El sueño se
había convertido en recuerdo, ¡aquella ciudad podía ser real!
Pero, igualmente, ligado a la Ciudad de Luz, también hemos llevado con
nosotros el temor de un cataclismo, de un fin del mundo que quizás, de la misma
forma, como Troya, el Diluvio Universal y Thira, no fuera imaginación sino
recuerdo.
Cuenta Platón que la Atlántida fue una mítica y próspera isla que
existió más allá de las columnas de Hércules, cuyos habitantes, descendientes
de Poseidón, habían alcanzado un nivel tecnológico sin par, lo que, a la larga,
les hizo alejarse de su virtud volviéndose soberbios, dejando de venerar a la
Divinidad, olvidando sus leyes morales y conquistando otras tierras movidos
únicamente por el deseo.
Dada su corrupción, Zeus convocó a la Asamblea de los Dioses dispuesto
a castigar a la Atlántida, que fue destruida en una noche y un día, sufriendo
terremotos y siendo devorada por el mar.
Aunque el relato de Platón no especifica nada más, ni se habla del
castigo a sus habitantes o quién se salvó, se da por hecho que la gran mayoría desaparecieron tragados por las aguas.
Por el mismo pecado, la soberbia y la malicia, Babel, Sodoma y Gomorra
fueron destruidas, y el hombre expulsado del Jardín del Edén por olvidarse de
Dios, relato que tenemos también en la civilización Hitita de la epopeya de
Gilgamesh.
Por otro lado, el pueblo de Rapa Nui, como los indios Hopi y tantos
otros, aseguran provenir de una isla que se hundió en el mar después de un gran
cataclismo.
Ante tantas casualidades la
pregunta se hace evidente ¿Ocurrió, hace muchísimo tiempo, una catástrofe de
proporciones tan grotescas que todavía hoy, a pesar de los años, seguimos
recordando?
Y si fue así ¿cómo pudo afectarnos a todos? ¿Acaso vivíamos en un mismo
lugar?
Según las últimas teorías astrofísicas, nuestro universo fue originado
por una gran explosión de materia condensada que conocemos con el nombre de
“Big Bang”. Siendo éste el origen de los planetas, de las estrellas, de toda la
materia cósmica, del tiempo y, tras las combinaciones más increíbles, de la
vida y de los seres.
No obstante, este universo en constante expansión, según la también
teoría del “Big Crunch”, decelerará hasta detenerse y tomar el sentido inverso,
volviendo a condensarse rápidamente.
Las estrellas se juntarán, los planetas alcanzarán una temperatura cada
vez más extrema y toda la vida desaparecerá completamente para renovarse en el
siguiente “Big Bang”.
Conociendo que el tiempo cósmico no es relativo y el espacio absoluto
es infinito, este suceso se viene produciendo desde siempre, y no sólo una vez.
Sino que infinidad de universos nacen cada día mientras otros mueren en los
insondables abismos de la vasta eternidad.
Lo curioso de este suceso que hoy estudian los científicos es que ya
fue descrito por Budha Sakiamuni hace unos dos mil quinientos años
aproximadamente, quien supo percibirlo a través de su profunda meditación, y
que está recogido en el canon pali de la escuela Theravada, guardado dentro de
las Tres Canastas.
En uno de los sutras llamado “Conversaciones con Brahma”, el Maestro
Iluminado expone el origen y fin del universo tal como hemos relatado según la
ciencia, así como el renacer de la vida después del cataclismo anterior que
destruyó a todos los seres y a todos los mundos.
De la misma forma, en el Apocalipsis de San Juan podemos leer los
recuerdos del futuro-pasado que el apóstol preferido de Jesús fue capaz de
percibir y relatar.
Conociendo que la consciencia, el espíritu, no nace de la carne, ni es
materia, necesariamente deberá ser otra cosa, aunque esté vinculado a la forma
por alguna suerte de hechizo cósmico.
Por tanto, si la consciencia va saltando de cuerpo en cuerpo, de casa
en casa ¿por qué no pensar que, en alguna parte del almacén de nuestros
recuerdos se ubica la memoria de este cataclismo que se encuentra todavía latente
dada la gran impresión que nos produjo?
Y volviendo a la Ciudad de Luz, ¿es posible que, de alguna forma, todas
las consciencias, hace eones, viviéramos juntas en un idílico Jardín del Edén,
pero que, movidas por la soberbia, olvidásemos nuestra espiritualidad en favor
de un materialismo galopante y fuésemos condenadas a vagar, como Ulises, por
los mares de la eternidad hechizados por los placeres de Calipso, el mundo del
deseo, mientras el Recuerdo de Ícata y de Penélope sigue latente en nuestras
consciencias?
Y, curiosamente, ¿no es ése el mismo error que está cometiendo la
sociedad del momento? ¿Nos veremos, más pronto que tarde, condenados a las
profundidades del mar acompañados de toda nuestra “avanzada” tecnología por
haber olvidado lo verdaderamente esencial, lo que realmente importa?
Muchas personas buscan la Atlántida en el Mar Mediterráneo, cuando
quizás harían mejor en buscarla dentro de sí mismos, porque, de alguna forma,
la Ciudad de Luz Original resucitó al tercer día, recatada por Zeus para poder
albergar las almas que, tras errar durante milenios por el mar, supieron
encontrar el camino de regreso a Casa.
Quizás Platón unió el recuerdo latente en su subconsciente del cataclismo
de la Ciudad de Luz, con el suceso real de la destrucción de Thira, para dar
luz a una verdad más profunda que hemos querido llamar Atlántida.
Y así existe la Atlántida; real para algunos, sueño para otros, y
quimera para terceros. Y así se presenta todo a los ojos de los hombres pues cada
quien tiene su propio camino, y en cada camino, uno ve lo que quiere ver y lo
que lleva consigo.
Si este relato ha sonado en sus corazones como el recuerdo de un lugar
que ya conocen, no dejen de buscar esta Ciudad ahora que saben que una vez
estuvieron allí y emprendan el Noble Camino de Retorno hacia sus fronteras.
sábado, 11 de octubre de 2014
martes, 30 de septiembre de 2014
El Samá o la Danza de los Derviches
El
Estado Iluminado del que nos habla la mística es un lugar donde no hay el menor
atisbo de oscuridad y la mente descansa en su estado primigenio. De esta forma
podemos decir que la mente y la forma se hacen una misma cosa, pues se han
unido en un todo armonioso y, aunque la materia esté ligada naturalmente a las
leyes causales, habrá trascendido el mundo fenoménico.
El dolor y la pena del alma es el
lenguaje secreto que utiliza Dios para decirnos:
“¡Búscame
con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, con toda tu mente y con todos tus
recursos! Nadie en la tierra puede calmar el dolor de quien se encuentra
sediento de cielo”
Y así nace la medicina del alma
de los derviches.
La primera vez que se
introdujeron instrumentos musicales en las ceremonias espirituales del mundo
islámico fue gracias a la inspiración del maestro Djalal al Din Rumi.
El canto del ney, según el Sheij
de Konya, se asemeja al lamento del alma por la separación de su Señor, la cual
se dio en tiempos sin principio. Los tristes sonidos del laúd y del timbal
están cargados de melancolía, y cuando escuchas al viento convertirse en notas
musicales, algo en el pecho se estremece. Cuando oyes la vibración de las
cuerdas quejarse de dolor y los golpes de los timbales acompasar el ritmo
sangrante del corazón, un antiguo pesar del alma emerge a la superficie.
Dejándote llevar por su canto, la
música sufí conduce al alma mortal hacia la comunión con esa parte de nosotros
mismos que espera pacientemente emprender el Camino de Retorno hacia su Señor.
El embrujo del laúd vuelve a reunir lo que un día se dividió… pero ese
encuentro se produce sin pesar, sin la sensación de aferramiento del propio ego
a su existencia ficticia.
La música sufí, por unos
segundos, apacigua la bestia que llevamos dentro y la conduce hasta su morada
original, donde se funde con la Realidad y desaparece.
Junto con el sonido de los
instrumentos, los derviches que seguimos el sendero de Rumi giramos en torno a
nosotros mismos, imitando así el movimiento de la forma en la Creación; lo que
algunos aseguran pudiera ser la oración primigenia que realizan, conscientes o
no, todos los seres.
Por tal razón, el derviche,
voluntariamente, danza con el cosmos girando hacia la izquierda, involucrándose
en el movimiento de todo lo que se manifiesta pues, como dice el Sagrado Corán:
“Toda la
Creación canta alabanzas al Señor de los mundos. Unos voluntariamente
y otros sin darse cuenta”
El movimiento de los astros
alrededor del sol, el flujo de la circulación de la sangre a través del cuerpo
circunvalando el corazón, el tawwaf de los peregrinos en la Kaaba o el camino de los ángeles cuando
dan vueltas alrededor del Trono de Dios es la oración original, voluntaria y
obligatoria en este mundo relativo pues, los elementos que componen los átomos
y que giran alrededor de su núcleo, realizan también este mismo ritual.
Los derviches giróvagos damos
vueltas en el sentido del universo, uniéndonos a él en adoración voluntaria a
nuestro Señor.
Al ver a los sufíes mevlevies,
algunos occidentales interpretaron que el giro incesante del cuerpo nos
sugestionaba, adentrándonos en una especie de trance producido por la pérdida
del control de los sentidos. Sin embargo, esta deducción es absurda, pues en
ningún momento el derviche pierde el norte a causa del giro, sino más bien todo
lo contrario. Con la experiencia del giro siente que su corazón se abre y purifica,
recuperando la Comunicación con el Todo que se manifiesta en lágrimas y Gozo.
Al ir practicando esta danza
cósmica, el derviche irá asimilando el movimiento, dándose cuenta de que, si
bien las primeras jornadas quizás caiga al suelo con los sentidos
distorsionados, cuando el estado real de introspección atrapa el corazón, el
giro será tan solo la forma exterior de la oración, pues la esencia se manifestará
en el alma, que es quien verdaderamente podrá experimentar el éxtasis.
Cuando el derviche danza, su pie
izquierdo será el nexo que lo unirá con la tierra constantemente, dando vueltas
al compás del cuerpo, sin elevarse del piso, mientras el pie derecho impulsará
el giro en sentido adverso a las agujas del reloj.
Contrariamente a las otras
técnicas, el punto de atención aquí será el corazón.
Si bien las manos estarán
recogidas primeramente sobre el pecho, como preservando una preciosa joya, irán
extendiéndose a medida que el giro vaya tomando cuerpo, asemejándose al
florecer de una rosa que abre sus pétalos para recibir la luz que proviene del
Sol de su Señor.
La cabeza estará levemente
inclinada hacia la derecha y los ojos quedarán entre abiertos.
Aprender a mantener la mirada
interior será fundamental para ir salvando los efectos embriagantes del giro.
Al extender los brazos,
permanecerán paralelos al piso. La mano izquierda estará vuelta hacia abajo, al
contrario que la derecha, que extenderá la palma hacia arriba.
Con el giro, Allah, Bendito sea,
si lo desea, enviará Su Aliento al giróvago, la Báraka, la cual penetrará en el
cuerpo a través de la mano que tenemos vuelta hacia el cielo, seguirá su camino
hacia el corazón, purificando el espejo donde se refleja, para salir al
exterior llegando a todas las criaturas a través de la mano izquierda. También
podrá entrar por nuestra coronilla y repartirse desde allí.
Sabemos que el samá produce y
proporciona sosiego mental comparable a los estados de calma más profundos a
los que también se puede llegar con las técnicas budistas e hinduistas, con la
única diferencia sustancial, obviando la devoción sufí a la única Deidad, del
movimiento implícito en esta práctica.
Si la admiración del baile de los
derviches, junto con la música del laúd y del ney, produce en el espectador un
impacto espiritual como pocas veces se haya podido experimentar, sentir el giro
al compás de la Danza del Cosmos puede abrir también nuestro corazón a otras
realidades. Es, sencillamente, otra
forma de rezar, otra manera de acercarnos a Dios.
Al mismo tiempo que giramos, la
recitación de los Nombres de Dios o el canto salmodiado de alguna oración será
también fundamental.
Girar con la música del laúd y
del ney de fondo puede ser una manera adecuada de introducirnos en la técnica.
Se siguen difundiendo, a pesar de
los años y de la masacre que sufrieron los miembros de la cofradía Mevlevi,
historias increíbles sobre las bendiciones del giro y los estados elevados de Maulana Djalal al Din Rumi.
Los poemas que escribió han sido
fuente de inspiración para místicos cristianos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa, y la gran mayoría de
occidentales que hemos entrado en la senda del misticismo sufi, debemos a los
poemas de Rumi e ibn al Arabi de Murcia, la gracia de habernos vuelto el
corazón hacia el Camino de la Unicidad.
En los círculos de Dhikr de
algunas tariqas se siguen contando relatos que aseguran que algunos de los
derviches de la escuela de Rumi, concretamente en Estambul, han sido tan
diestros aligerando la carga de sus corazones que, al realizar el giro, fueron
capaces de elevarse por los aires físicamente.
De igual forma se cuenta que los
discípulos más avanzados del Maestro de Konya, en aquellos tiempos, debían
alcanzar la misma realización para poder pertenecer a la cofradía.
jueves, 4 de septiembre de 2014
CLASES DE MEDITACIÓN
Hola a todos, como es habitual, dejamos el verano y regresamos al trabajo, los días se van haciendo más cortos y la oscuridad va ganando la partida a la luz. Nosotros, para contrarrestar la rutina, empezamos el nuevo curso de meditación para nuevos y antiguos alumnos.
Este año tenemos dos propuestas: un día a la semana en sesiones de una hora (laborable), o dos fines de semana al mes en sesiones de dos horas (sábado o domingo) donde volveremos a recordar los fundamentos de la meditación, cómo realizar una sesión y sobre todo práctica, práctica y práctica.
En este nuevo formato los antiguos y nuevos alumnos podrán coincidir en las clases pues empezaremos por las técnicas y fundamentos esenciales ya que el tiempo me ha enseñado que las cosas se van olvidando y es necesario renovarlas, tenerlas siempre presentes.
Igualmente este año, para quien complete el curso, entregaremos diploma final. Quien esté interesado puede ponerse en contacto conmigo a través de email, por facebook o, si tenéis mi móvil, pues eso.
Id reservando plaza para que pueda elaborar los grupos, no lo dejéis para el final. Igualmente, si conocéis al alguien interesado, agradecería la difusión.
Tenemos tres localidades Linares, Jaén y Martos (ésta última no está clara todavía)
Igualmente, si sois de otra ciudad o provincia y tenéis un grupo, preguntadme precio o coste de las clases individuales. Muchas gracias, un abrazo¡¡¡
latabernadelderviche@outlook.com
sábado, 9 de agosto de 2014
"Imagina que no hay Cielo. Es fácil si lo intentas. Sin infierno bajo nosotros. Encima solo el cielo. Imagina a todo el mundo viviendo el día a día... Imagina que no hay países. No es difícil hacerlo. Nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión. Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz... Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros, para que el mundo sea uno solo. Imagina que no hay posesiones. Me pregunto si puedes. Sin necesidad de gula o hambruna. Una hermandad de hombres y mujeres. Imagínate a todos compartiendo el mundo... Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros, para que el mundo sea uno solo." John Lennon - Imagine
http://www.youtube.com/watch?v=JDzQLQ952ZU
miércoles, 30 de julio de 2014
La Noche Oscura del Alma
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado? La noche es oscura y fría. La nublosa opacidad hace aún más insondable
el mar que rodea la playa. De la misma forma, espesas nubes me han apartado de
la visión de mi Amada, de Su Bendita Presencia, del calor de Su mirada en mi
corazón. Los velos del ego han caído de nuevo, ocultándome, a los ojos del
alma, la belleza de Su Rostro, el perfume de la devoción. Este nuevo néctar es
el sabor de la tristeza ante la ausencia del Dador de la vida, de Aquel que
vivifica por completo mi ser. Este estado es el agridulce dolor del silencio de
Dios, o de mi incapacidad de volver oírle, lo que ha hundido mi alma en otra
noche más profunda y oscura aún que la exterior. Sé que perdí mi camino movido
por las pasiones mundanas, por la vanidad del ego, por la falsa seguridad y el
engreimiento, por la seducción del “yo quiero esto” en lugar del “tan solo te
quiero a Ti”. No has sido Tú quien ha soltado mi mano, tan solo apartaste la
mirada para no ver cómo caía de nuevo en la trampa de este mundo, en los juegos
del Dunia, siguiendo los pasos de la muerte. Fui yo quien te negó tres veces,
quien te vendió por treinta monedas, quien te dejó solo y abandonado en el
madero. El desánimo regresa a mi alma barriendo todo hálito de santidad, que me
se ha escapado entre mis manos como la arena de esta duna. ¿Acaso estaré solo
de nuevo? Amada, Madre, Esposa, Amiga… Laila, Diosa mía. ¿Dónde se va la luz
cuando nos deja? Echo de menos Tu Abrazo en las noches de luna llena, echo de
menos mi alma expandida ante Tu Recuerdo. ¿Dónde está esa estrella fugaz que a
veces me mandas, guiñándome un ojo? ¿Dónde ahora reside el Jidr, santo y guía
del sufismo? El que toma cualquier forma para enseñar de nuevo el camino a los
que se han perdido ¿Por qué no aparece cuando más le necesito? No lejos de aquí
se le vio caminando encima de las aguas, trayendo la ambrosía de Laila en una
copa para que bebieran los que tenían sed. ¿Ni tan siquiera tú me reconoces ya?
¡Tanto he cambiado! ¡Tanto me he extraviado! ¡Pobre alma mía! Debo encontrar de
nuevo el sendero de baldosas amarillas para regresar a Oz en busca de mi alma
olvidada. Debo morir a toda esta oscuridad, emprender otra vez el camino de la
humildad y la renuncia. Mi Amada no soporta ser compartida. Mi Amada es celosa
y castiga mi alma cuando, sin pensarlo, cometo alguna estupidez. Mientras iba
de Su mano por el Jardín, por azar mis ojos miraron la flor. Entonces sentí
vergüenza, pues teniendo tan cerca Su rostro, sin embargo mis ojos se posaron
en la flor. Pero Ella también perdona hasta setenta veces siete. Más insoldable
que Su ira, es Su Compasión. Poco a poco las nubes se van apartando. A los
lejos se pueden ver los primeros rayos del amanecer. Oh Señora mía, como no llego
a Tu Cielo, en la tierra me postro, y la tierra beso. El color anaranjado de la
claridad de la mañana me insufla la esperanza de la reconciliación y regreso a
casa. Paso a paso me alejo de mar, pero todavía puedo oír el rumor de las olas
en mi mente. Frente a mi hogar espera una familia para entregarme un pequeño
panfleto. Hablo un rato con el padre, que lleva a sus dos hijos con él para
predicar el evangelio. Antes de despedirnos, el más pequeño, de unos cinco
años, me mira a los ojos y me ofrece el trozo de papel diciendo - Aunque se te
haya olvidado, es Dios quien salva – De repente mi mano, al encuentro con la
suya, comienza a temblar. Mi voz, tremola, delata Tu presencia. ¡Te he
reconocido, oh enviado de Dios! Esta vez no tomaste la forma de estrella fugaz,
ni de pajarillo, ni de sabio mendicante, sino de un inocente niño. Hoy te he
visto. Te he visto y me has hablado. Hoy ha nacido en mi alma el Sol. ¿De dónde
viene la luz cuando regresa?
viernes, 18 de julio de 2014
Jesús de Nazareth, más que un Budha
Permítanme contarles una vieja historia
como nunca antes la han escuchado, un antiguo cuento que haré nuevo para todos
ustedes, la vida de un hombre que se convirtió en un Budha, de un Budha que se
hizo Dios. Y no digo un dios, sino Dios.
Podrán creerme o no, allá
ustedes, que no es mi misión hacer apostolado, ni tener discípulos o crear una
nueva religión, sino contar historias, y con esas historias, hacerles soñar con
un mundo nuevo y mejor. Con un mundo donde, a través del propio esfuerzo, unido
a amor y a la devoción, se puede trascender la naturaleza de todas las cosas.
Pues verán, empiezo, hace mucho
tiempo, en una lejana tierra, en el seno de una familia muy humilde, una mujer
quedó encinta. Devota esposa y fiel amante de su marido, tenían ellos una
extraña religión que adoraba a un solo Dios que, además, no podía ser visto.
Rara situación era ésta, que se
adore lo que no se puede ver, ni tocar, ni oler, ni visitar en cualquier
templo. Pero, en cambio, ese Dios podía ser sentido y oído, y Su Santuario se
encontraba en el corazón de todos los seres. ¡Esa era su morada! Porque ¿cómo
poner puertas al mar o ventanas al cielo? ¿De qué manera se puede encerrar la
Inmensidad?
Era tal la relación que tenían
con aquella Divinidad, que se consagraron por completo a buscar Su Presencia, y
por consiguiente, le consagraron igualmente la criatura que ella llevaba en su
vientre.
Desde aquel momento, sucesos
imposibles comenzaron a acontecer. Visiones celestiales, música angelical, premoniciones.
Una nueva comunicación se había abierto con la Eternidad, quizás a causa de la
criatura no nacida o quizás a causa de su propia intimidad con aquel Dios
invisible al que se podía llegar a través de la fe.
Tal vez las profecías del aquel
antiguo pueblo se habían cumplido, puede que fuesen ellos los custodios de un
Maestro destinado a guiar a la humanidad. Madre y Padre del Príncipe de la Paz.
A causa de la tiranía del
opresor, temiendo por sus vidas, avisados en sueños por una inspiración divina,
salieron de su tierra buscando un nuevo destino lejos de la cruz imperialista.
Así, de esa guisa, en algún lugar al abrigo de la noche, nació el niño que
estaba destinado a convertirse en el Hijo de Dios.
Y los milagros continuaron
sucediendo a su alrededor. Extraños personajes se les acercaban viendo en el
pequeño al profeta más grande de todos los tiempos.
Así el niño fue creciendo, y en
su interior, una llamada, un anhelo, una extraña intimidad con aquel Dios
desconocido para el extranjero, e incluso desconocido también para los de su
propia nación, pues el joven había aprendido a ver a Dios en las cosas y a las
cosas en Dios, hasta que ya no hizo distinción entre unas y otro, sino que todo
lo existente era el cuerpo del Señor.
Aprendió también a callarse a sí
mismo para aprender a escuchar la música de las esferas, aprendió a distinguir
el susurro de la creación, una nana que cantaba el Padre del mundo, una secreta
confidencia entre la criatura y su Creador.
Y ese anhelo, lejos de menguar,
fue creciendo más y más. Y viajó por esa bendita tierra aprendiendo el
conocimiento de los místicos del saber de su propia religión, santos, eruditos,
profetas… de todos ellos bebió, hasta que por fin encontró a quien lavó su
cuerpo en las benditas aguas de la purificación, enderezó su camino allanando
los caminos del Señor.
Entonces sucedió algo prodigioso.
Cierta mañana, en su bautismo, cuando salió del río, se oyó la Voz de ese buen Dios,
que a la vista de todos, confesó: - Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy –
El impacto fue tal, que tuvo que
retirarse a un lugar desértico para asimilar lo que había vivido, para vestirse
de Iluminación, para estar a solas con su alma, para llorar y templar su mente
en aquel nuevo estado, superar los miedos y vencer al ego, a los apegos, a la
ira, al rechazo y al miedo, para alejarse de todo lo que le alejaba de Dios. Un
nuevo ser había nacido, más perfecto que el anterior. Ya no había otra cosa en
su corazón que no pronunciara el Nombre de Dios.
Por la fortuna del Señor, y por
su enorme devoción, había llegado hasta la Flor de Loto del Último Límite,
había alcanzado lo que otros llamaban la Budeidad.
Dentro de su alma se despertaron
poderes latentes, podía realizar milagros, curar enfermos, expulsar demonios,
ver el futuro y resucitar a los muertos. Todo esto pudo hacerlo porque se había
vencido a sí mismo, había vencido al mundo y retornado al seno del Señor.
Pero no solo curaba cuerpos, sino
también el alma de los paralíticos que no querían esforzarse para levantarse de
su mediocridad y luchar por ser algo mejor. A los leprosos de espíritu, que
apestaban a todos con el hedor de su vanidad. A los ciegos, que se negaban a
ver la Gloria de ese Buen Dios. Y además resucitaba a los muertos en vida,
enseñándoles que la existencia es mucho más que disfrutar de los placeres del
buen vino y el buen yantar.
En su camino tuvo predilección
por los pobres, por los afligidos, por los desahuciados y enfermos… aquellos a
los que nadie quería ni prestaba atención. De su mano, el Amor de Dios llegó a
ellos con este mensaje:
- Recordadme, que Yo nunca os he
olvidado. Regresad a Mí, que mi Paraíso no está completo sin ti -
Pero tampoco fue esto suficiente
para aquél que conocieron con el nombre de Jesús, pues, aunque llegó a la
Budeidad, su sed de Dios no se apagó, y para hacerse más digno, aun siendo ya
perfecto, quiso superar los límites de la iluminación.
Aunque sentía a Dios muy cerca,
seguía habiendo distancia entre los dos, y aquella distancia era lo que le
quebraba el alma, el dolor que le hacía pasar las noches en vela llorando de
pasión. Aun llegando a donde nadie había llegado, todavía no estaba colmada su
entrega y su devoción.
Entonces fue probado de nuevo, se
hizo una flecha en las manos de aquel extraño Dios, que le pidió absolutamente todo
lo que tenía, y él se lo entregó. Le entregó su cuerpo, y fue arrestado,
maltratado y asesinado como un malhechor.
Le entregó su posición, y todos
sus discípulos le dieron la espalda y le abandonaron en los momentos de miedo y
terror.
Le entregó también su nombre,
olvidando que era Hijo de Dios.
Le entregó a su madre, le entregó
su vida y finalmente le entregó su espíritu con una exhalación. Y justo en
aquel momento, la tierra detuvo su órbita y se estremeció, porque el que había
nacido como hombre, el que fue reconocido como Hijo, ahora se había fundido en
el Señor. Ahora eran Uno y el mismo. El hombre ya no existía, quizás nunca
existió, ahora quedaba Dios solo, Uno solo, Jesús había conseguido por fin destruir
el maldito dos. Así, a los tres días, con un nuevo cuerpo, el que nació como
hombre resucitaba como Dios, y todos sabemos que Dios no puede morir.
Esta es la historia de un hombre
que se convirtió en un Budha, de un Budha que quiso dejar de serlo para
fundirse en Dios. Quizás piensen que es un cuento triste, pero realmente es una
historia de Amor. Un Amor tan grande que consiguió unir tres en uno, Amante,
Amor y Amado, hasta que solo Dios quedó. Una historia que nos enseña que, allá
donde la virtud florece, en cualquier acto cotidiano cuajado de compasión, está
el camino al cielo, está el abrazo del Señor.
Jesús, el Budha, eres tú mismo,
hombre o mujer, que te sientes inspirado a llenar tu vida con actos de amor. Allá
donde la virtud florezca, está el espíritu del Hijo de Dios. Por eso Jesús no ha
muerto, y donde dos o tres se reúnen para ayudar al enfermo, al necesitado, a la
viuda o al huérfano, él está trabajando también en medio de ellos. Tan solo hay
que querer reconocerlo. Él no es diferente a la mejor versión de ti, como tú no
eres diferente de Dios. Jesús está en ti, como lo está Dios, pero recuerda que
Jesús es el Caminante, el Amante. Nuestras acciones son el Camino, también
llamado el Espíritu del Santo del Amor. Y el Amado es nuestra meta, otro de los
Nombres de Dios. Nunca hubo otra trinidad que esta, y al final, el secreto está
en que solo hay Uno, sin tres, sin dos, sin Jesús, sin ti, sin mí, sin otro yo que
Dios… Pues más allá de Él, todo es ilusión.
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