miércoles, 21 de junio de 2017

JUICIO A DIOS

Una emocionante novela que relata el épico viaje hacia los fundamentos de la fe y del alma humana.


El dieciséis de enero de 1918, Anatoli Lunacharski, comisario de Instrucción Pública de Lenin y posterior embajador en España durante la Segunda República, acusó formalmente a Dios de genocidio y crímenes contra la Humanidad, juicio que se llevó a cabo en una vista pública donde, en el sillón de los acusados, a falta de alguien mejor, decidieron poner una Biblia. Durante cinco horas, la fiscalía bolchevique leyó las acusaciones contra Dios mientras los abogados defensores, comprados por el Estado ruso, intentaban exculparlo alegando incluso enajenación mental y demencia. Como era de esperar, después de todo ese teatro, el tribunal declaró culpable a Dios, condenándole a muerte. Pena que se ejecutaría al día siguiente cuando un pelotón de fusilamiento lanzó una serie de ráfagas de fuego al cielo.
Por toda esta serie de tropelías, el gobierno de Estados Unidos declaró en la sede de Naciones Unidas que los derechos de Dios fueron vulnerados en un juicio injusto, así que decidió juzgarle de nuevo para tratar de hacerle justicia… al menos a título póstumo. El caso le será adjudicado a John, un joven letrado que, acompañado por un misterioso erudito llamado Jason, viajará a Jerusalén para recuperar su fe, demostrar que Dios existe y exonerarlo de toda culpa. A su vuelta a New York, John no solo tendrá que enfrentarse a sus propios demonios, sino también a los testigos que la acusación irá llamando para intentar demostrar que Dios es un «amigo imaginario» y condenarlo por «omisión de socorro», ejemplificando las cuatro principales formas de ateísmo que imperan en la sociedad. Durante este viaje interior y exterior, John descubrirá quién es Jason —alguien que muchos parecen reconocer pero nadie sabe ubicar—- quién es el fiscal, pero sobre todo quién es él.


http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3639&edi=1

miércoles, 8 de marzo de 2017

50 CUENTOS PARA APRENDER A MEDITAR



1. Shiva y Parvati


Una de mis gurús, Mata Amritanandamayi, para enseñarnos a meditar, solía contarnos la siguiente historia:

Como el señor Shiva estaba todo el tiempo sumido en un supremo estado de unión mística y ensimismamiento con el Todo, su esposa Parvati, sintiendo en el alma el profundo dolor de la separación y el distanciamiento, le pidió a su marido que le mostrara la manera más rápida de llegar también ella a su mismo estado para así estar siempre unidos. Entonces el señor Shiva le dijo: 
- Siéntate en la postura del loto, cierra los ojos, enciende la mirada interior y dime ¿qué ves?

– Estoy visualizando tu forma, mi señor. En mi mente te veo solo a ti – Dijo Parvati.

Entonces Shiva siguió: - ¡Muy bien! Ahora trasciende mi forma, ve un poco más adentro y dime qué ves.

– Ahora veo una luz cegadora, pero que no daña la vista - Dijo Parvati.

Y Shiva siguió: - ¡Estupendo! Ahora ve más allá de esa luz y dime qué ves.

– La sílaba OM, el Nombre más sagrado. Puedo sentirlo y vibrar con Él.

Y Shiva continuó: - Sumérgete aún más adentro de tu ser y dime qué ves.

Entonces Parvati alcanzó un silencio tan profundo que ya no pudo contestar a ninguna pregunta más. De esa manera se fundió en el silencio, diluyendo su individualidad y haciéndose una con su señor.

viernes, 10 de febrero de 2017

GUÍA HISTÓRICA, MÍSTICA Y MISTERIOSA DE TIERRA SANTA


Jerusalén huele a incienso, pero también a cera y a alfombras persas de miles de nudos donde los hijos del Islam se postran para rezar a un mismo Dios. Jerusalén fue tres veces santa porque Jesús caminó por sus calles. Porque aquí, bajo el Cenáculo, el rey David descansa hasta el día de la resurrección; y porque desde la roca que hay bajo el Domo, en la Explanada de las Mezquitas, el profeta Mahoma hizo su viaje nocturno al Trono de Dios.

Pero Jerusalén, como antaño, sigue siendo santa porque, en diversos lugares de la ciudad todavía se esconden viejos eruditos que se dedican a pasarse los secretos de la creación al oído, uno por uno, en sus silentes reuniones, donde la oscuridad es su fiel aliada. Esos secretos que están ocultos en el Tanaj – Antiguo Testamento - pero también en los versos del Corán e incluso en las parábolas de los Evangelios.

Los verdaderos peregrinos que llegan a Jerusalén no quieren conquistar la ciudad, sino más bien ser conquistados por ella. Por la magia de sus noches, por el aroma de sus zocos y por el embrujo de sus lugares sagrados.  Da igual si se llama a la oración con el repicar de unas campanas, con el sonido del shofar o con el canto del muecín, porque fue entre estos olivos donde nació nuestra fe y es bajo este cielo cargado de ilusiones donde se alimenta.

Reyes y Emperadores se han sentado en su trono. Profetas y herejes han horadado sus colinas. Soldados romanos, persas, egipcios y babilónicos la destrozaron en innumerables ocasiones, pero Jerusalén siempre ha vuelto a ponerse en pie. La Ciudad de la Paz se yergue hoy en el corazón de Israel como la promesa de lo que algún día podría ser. Como la esperanza inmaculada de un sueño que anhela hacerse realidad. Una ilusión que sus habitantes, y la mayoría de peregrinos que llegan hasta aquí, empero han olvidado.

Lo que para el descreído no son más que un conjunto de páramos secos y tierras áridas sin ningún valor, para los creyentes de las tres religiones Abrahámicas, es el lugar más preciado del mundo; el país de las siete especies - uvas, trigo, cebada, higos, aceitunas, dátiles y granadas. El enclave en que la Biblia sitúa el Templo de Salomón, donde el hombre podía comunicarse con Dios; La montaña que escuchó las palabras de Jesús, un carpintero de Nazaret que dejó su oficio para convertirse en el Mesías de los pobres y en la nueva luz del mundo; Y el río del renacimiento, que aquí llaman Jordán, el cual es capaz devolverte a la orilla convertido en un hijo de Dios.

Desde los altos del Golán hasta Egipto, cada una de las rocas, árboles e incluso granos de arena de esta pequeña parcela del mundo, son sagrados porque pudieron ser testigos de las historias más relevantes de la humanidad. Aquellas que tienen como protagonista a un único Dios y a unos hombres que en tanto parecen querer acercarse como alejarse de Él.

Hasta aquí vinieron unos extraños Magos, los primeros peregrinos, procedentes quizás de Persia, para traer regalos al niño que estaba destinado a cambiar el destino de los hombres. Un niño que venía profetizándose desde las primeras páginas del libro del Génesis, y que, hace poco menos de dos mil años, creció a la vera de estos campos, de estos olivos, de este mar y de este desierto.

En algún lugar debajo de la Explanada de las Mezquitas, o de las inmediaciones de la tumba desconocida de Moisés en los montes Abarim, Jordania, se encuentra escondida el Arca de la Alianza. Una caja de madera y oro que tiene el poder de separar los ríos y de comunicarnos directamente con Hashem, el Dios de la montaña.

En este río bautizaba un tal Juan, el profeta del desierto, cuya cabeza pidió Salomé a Herodes Antipas como premio por un mísero baile.

Desde aquí partió Jacob huyendo de la hambruna para llegar a Egipto, donde a la postre sus hijos serían esclavizados. Y hasta aquí volvieron los descendientes de aquellos Israelitas que fueron testigos de la separación de las aguas del Mar Rojo, que más tarde atraparon entre sus abisales profundidades a los ejércitos del faraón.

En el Sinaí, Yahvé se presentó en forma de zarza ardiente ante corazón prendido de un hombre; y desde la cumbre del Horeb hizo descender sus Leyes a una comunidad que, desafortunadamente, miraba hacia otro lado. Esas normas que todavía, más de tres mil años después, siguen guiando la vida de muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Pero si todo esto aún no ha conseguido seducirles, déjenme también hablarles de los días de Herodes el Grande, del Templo de Jerusalén y de la Fortaleza Antonia. Viajen conmigo a Caná de Galilea, a Cafarnaúm y a Nazareth, buscando las huellas de un tal Jesús, al que llaman el Cristo. Y de unos caballeros de origen francés que se encerraron en el palacio del rey Balduino I, donde antiguamente se ubicaban las caballerizas del Templo, para escavar sin descanso hasta que encontraron algo que les hizo enormemente ricos y poderosos. De cómo las guerras fratricidas entre cristianos y musulmanes, que llamamos cruzadas, terminaron con un apretón de manos entre Federico II y el sultán al Kamil.

Permítanme que les cuente la historia de una tierra que fue testigo de los prodigios más increíbles de la humanidad, donde la Mirada del Señor todavía está puesta en el Muro Occidental, en la Cúpula de la Roca y en la Vía Dolorosa.

No obstante, antes de continuar, permítanme también prevenirles, porque el lugar donde vamos a entrar, es sagrado. Por tanto, háganse merecedores de dicha condición y respondan, como tantos otros peregrinos con el correr de los siglos, al llamado de Jerusalén, donde podremos escuchar las voces de nuestros hermanos y hermanas, que quedaron atrapadas en el tiempo, rezando en cada capilla, en cada templo, en cada mezquita y en cada sinagoga. Dejemos que Jerusalén nos cambie y busquemos, además de los lugares litúrgicos, los enclaves históricos donde se produjeron los relatos que hemos venido leyendo en la Torah, en los Evangelios y en el Corán.

Guiémonos con el corazón mientras dejamos que la mente se entretenga recitando las jaculatorias propias de nuestra religión. Aquí, bajo estos cielos, en el verdor de los campos de Galilea, entre las pirámides de Egipto, en Kadesh Barnea y en el monte Tabor está la presencia del Señor… Velad, en la siguiente página empieza nuestra peregrinación, hay que estar listos.  





sábado, 3 de diciembre de 2016

Tributo a la Madre Tierra para celebrar los 100 programas de Canal del Misterio



Cuando el Gran Espíritu imaginó al ser humano, lo plantó en la tierra y puso a su lado además a los animales, a las plantas, a los minerales y a los espíritus de las montañas y de los ríos. Al principio el hombre convivió con ellos en paz y llamó a la Tierra, Madre; y a los seres que la habitaban, Hermanos. Pero el ser humano pronto se quiso poner por encima de sus semejantes y se ensoberbeció. Mientras iba descubriendo su potencial, se fue volviendo cada vez más arrogante, hasta que finalmente se exilió a ciudades de cemento y hormigón, puso asfalto bajo sus pies para separarse de la Tierra y se olvidó del Gran Espíritu y de todos sus Hermanos. Cambió las praderas y las montañas por casas de piedra. Despreció el saber de los pueblos antiguos. Quemó en hogueras a los chamanes, contaminó los mares, taló los árboles, envenenó los cielos y asesinó a los habitantes de los bosques… Entonces el Gran Espíritu se enfadó y reunió a toda la creación en Sagrada Asamblea y acusó allí a los hijos de los hombres de volverse contra su Madre, la Tierra: Contra su Padre, el Cielo; Y contra sus Hermanos. Pero, de repente, de entre todos los espíritus, un pequeño delfín pidió permiso para hablar: 
- Señor, el ser humano no es malvado. Yo juego con sus crías en las playas. Veo sus ojos centellear como las estrellas y puedo sentir el latido de sus corazones dentro de sus pechos. Sin embargo, los veo crecer en soledad, y por eso creo que han olvidado quiénes son en realidad. Si seguimos dejándoles solos, estaremos traicionándolos nosotros también. Señor, los seres humanos no son malvados, tan solo están perdidos - 
Entonces el Gran Espíritu, conmovido, se llenó de alegría por las palabras del pequeño delfín y preguntó a los espíritus qué querían hacer con el ser humano. Y los espíritus del lobo, del tigre, del águila y muchos otros, dijeron: 
- Oh Señor, déjanos caminar junto a ellos. Que cuando sueñen, nosotros nos metamos en sus sueños. Que cuando nos vean en la tierra, nuestros espíritus puedan viajar juntos, como si fueran uno. Que cuando miren los bosques, escuchen los sonidos de la selva y contemplen la luna llena, sientan el amor por la Madre Tierra brotar de nuevo en su interior y recuerden que forman parte de nosotros, y que nosotros formamos parte de ellos. Que cuando se tumben en las faldas de cualquier montaña, quieran subir a su cima para contemplar la belleza del mundo. Que cuando vean las aguas del mar desde la playa, inspiren en su alma canciones de paz. Que el hombre pueda volar con el halcón, aullar con el lobo y ser tan sabio como el búho. Y que, haciendo esto, se despierte en su interior el anhelo por el lugar que perdió junto a nosotros en la creación… - 
Y así, todos los espíritus quisieron dar algo a los hombres para que pudieran recordar de nuevo su hogar y no se olvidaran jamás de quiénes eran. Pero al delfín, siempre fiel, amigo íntimo del ser humano, le fue encomendada la gran tarea de recoger las almas de los hombres y cruzar con ellos los grandes abismos de la inmensidad que se abren cuando se abandona el cuerpo. Pero el Gran Espíritu tampoco quiso abandonar al ser humano, y plantó dentro de él la semilla del recuerdo de lo que debería llegar a ser; Y les dio además inspiraciones para que se sentaran en silencio frente a la inmensidad a escuchar la canción de la creación que dice: - Mi Paraíso no está completo sin ti - Para contemplar el vuelo del águila y volar con ella. Para ver con los ojos del jaguar, y correr con él. Para buscar la sapiencia de la serpiente y para ser uno con la tierra, con los animales y con el Cielo. 
Sin embargo el ser humano sigue perdido. Sigue asolando la tierra, quemando los bosques, ignorando al Gran Espíritu, exterminando a los animales y sigue sin querer escuchar la música de su corazón…

lunes, 14 de noviembre de 2016

Descenso a los Infiernos





Cuando regresé de Jerusalén algo en mí había cambiado. Según la tradición rabínica, Jerusalén fue construida alrededor de la Roca Fundacional, o Shejiná, es decir, el lugar donde la Presencia Divina tenía su morada perpetua, a partir de la cual creó el mundo.
La experiencia de Dios que había tenido rezando en Domo de la Roca - El emplazamiento del antiguo Templo de Salomón donde se guardaba el Arca de la Alianza - y en el Muro Occidental, elevaron mi alma hacia un lugar que las palabras no pueden describir porque todavía no se han inventado palabras que le hagan justicia. Tanto es así que, cuando volví a España, la gente me paraba por la calle para decirme que mi rostro desprendía una hermosa luz que antes no tenía. Me sentí tan inspirado, que escribí mi libro “Por los Caminos del Señor. Guía Histórica, Mística y Misteriosa de Tierra Santa” en tan solo veinte días. Y tanto gustó a la editorial, que su respuesta tampoco se hizo esperar.
Sin duda algo estaba pasando en mi alma. Ahora sentía a Dios tan cerca de mí como mi propia vena yugular. Pero, por otra parte, también comencé a pensar que nadie, ningún pretendido sacerdote, yogui, rabino o maestro espiritual sabían nada acerca de Dios porque ellos no lo habían sentido como yo, y tan solo sabían hablar de lo que leían en sus libros sagrados. Pensé que para el resto del mundo, Dios era un gran misterio que pretendían resolver buscándolo en las religiones o ignorándolo a través del ídolo falso en que se ha convertido la ciencia.
Sin darme cuenta, empecé a ganar arrogancia y a perder humildad, hasta que una noche, roto de dolor, no tuve más remedio que levantarme de la cama. Mi mujer, asustada, llamó inmediatamente a la ambulancia. Algo no andaba bien. Llegados al hospital, me diagnosticaron una enfermedad muy dolorosa que me mantendría postrado durante un tiempo indeterminado. Tanto fue así, que tenía que tomar calmantes cada cuatro o cinco horas, alimentarme solamente de líquidos e ingerir una serie de pastillas entre relajantes musculares, analgésicos y antibióticos.
Al principio, aun con dolores insoportables, miraba al cielo y sonreía porque pensaba que aquello también era una manifestación del poder de Dios. Durante las dos semanas siguientes mi oración fue: - Dios mío, si quieres, puedes sanarme, mas hágase tu voluntad y no la mía – No obstante, poco a poco el dolor fue penetrando cada vez más en el interior de mi alma y empecé a preguntarme por qué Dios me había abandonado. ¿Dónde quedaba mi complicidad con Él y mi confianza absoluta en sus designios? ¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría? Además del dolor del cuerpo, también comenzó a dolerme la fe... y la luz de mi rostro se apagó de repente.
Tengo que confesarlo. Enfurecido, me dirigí a mi mezquita y le exigí que me curara de una vez, que se hiciese mi voluntad y no la suya. Grité, vociferé y dije cosas sin sentido.
Desafortunadamente, al día siguiente todos los dolores de mi cuerpo se habían esfumado, pero el sufrimiento no había desaparecido, sino que se había colado en mi alma. ¡Sentí que me había separado de Dios, que no había superado la prueba! Una simple enfermedad había sido suficiente para alejarme de Él.
Jesús soportó padecimientos terribles. Francisco de Asís igualmente estuvo aquejado de una dolorosa enfermedad que le acompañó durante toda su vida. Infinidad de mártires murieron por su fe mientras yo, que tan solo un par de meses antes había tenido una increíble Teofanía, ahora me enfadaba por una maldita e insignificante dolencia. ¡Qué bajo había caído y qué duro fue el golpe! Tanto, que me costó más recuperarme de él que de mi enfermedad anterior. Si antes no podía levantarme de la cama porque el cuerpo no me lo permitía, ahora era mi alma quien se quejaba amargamente... El carácter me había cambiado, no encontraba la luz por ninguna parte ni tampoco sabía qué hacer. Temía no poder volver a unir lo que yo mismo había roto. No me consideraba digno ni de rezar, pero solo rezando podía pedir perdón.
Con el espíritu sangrando, llamé a mi maestro y le conté lo que me había sucedido. Su respuesta fue demoledora: - Tu enfermedad fue la cura que Dios te mandó para sanar tu ego. La experiencia de Dios no debió hacerte más soberbio, sino más humilde. Recuerda que Jesús, el hijo de Dios, no vino a este mundo a ser servido, sino a servir
Mi maestro solía decir a menudo: - A veces puedo hacerme tan pequeño como un granito de arena para coger en cualquier parte - No obstante, por la fama de milagrero que tenía, nosotros pensábamos que podía cambiar su aspecto a voluntad, no obstante él nunca se refirió a su cuerpo, sino a su propio ego. La vanidad aleja al hombre de Dios y de sus hermanos, y es peor que cualquier virus o bacteria, porque contra ella el único remedio es querer curarse. Pero el vanidoso - lo digo por experiencia - está tan a gusto con su mal, que no busca la cura.
Aquella enfermedad me restituyó mi debilidad, y por ella he vuelto gustoso a bajar la mirada y he devuelto el poder de mi vida al dueño de mi alma, deseando una y mil veces cualquier dolor del cuerpo al del espíritu. Ahora solo espero no olvidarme jamás de quién manda y cumplir fielmente con mi cometido, que es el de ser un siervo fiel que comprende que su cometido es servir, no ser servido, y que todo lo que viene de Dios es un regalo, duela o no… Así, esta mañana, en el espejo, aquella luz que antes se había apagado, creo que ahora vuelve a estar encendida.


 La Taberna del Derviche

martes, 25 de octubre de 2016

Las Ciudades de los Muertos





Baba tenía los ojos más tristes que he visto jamás, como si llevara el peso del mundo sobre sus espaldas, y sin embargo tenía también una sonrisa tan sincera y pacífica que te invitaba a ser mejor persona. La sabiduría de quien ha conseguido ser un maestro de vida. Antes de despedir a sus discípulos, nos advertía: - Cuando salgáis de aquí, no os acerquéis a las ciudades de los muertos. – Pero maestro - replicaban algunos - ¿qué son las ciudades de los muertos? – Las ciudades de los muertos son lugares que se han construido sobre la oscuridad humana. Sus habitantes viven movidos por el deseo, al que han dado la forma de un becerro de oro llamado dinero. Todos adoran a ese falso dios, se arrodillan ante él, le dedican sus vidas, se matan unos a otros en pos de llevárselo a sus casas y mantenerlo… A cambio, el dios les premia con la muerte. O lo que es lo mismo, con una vida de servidumbre y miseria. En las ciudades de los muertos, la injusticia reina por doquier y el egoísmo gobierna las vidas de sus habitantes. Todos son profetas, todos son mesías y todos son el centro del mundo. Los que se reúnen allí no tienen ninguna aspiración espiritual. ¿Por qué habrían de tenerla? Su dios ya los satisface con una tecnología cada vez más moderna y con una ignorancia cada vez más refinada. En aras de esta nueva religión, los antiguos valores como la bondad, la compasión y la amabilidad cayeron pisoteados por las legiones de muertos vivientes, que como necesitaban entregar sacrificios a su ídolo falso, no dudaron en ofrecerles sus propias almas. Los habitantes de las ciudades de los muertos se burlan de todo lo que suponga elevar el espíritu, porque como el espíritu no se puede ver, no puede existir; De la misma manera, como el amor tampoco se puede ver, tampoco puede existir. Si alguno de nosotros intentara hablarles, no podrían escucharnos porque no entienden nuestro lenguaje, ni tampoco se han parado a oír nuestra voz. En las ciudades de los muertos, los vivos no somos bien recibidos porque no adoramos lo que ellos adoran. Por tanto, intentarán silenciarnos, apresarnos, ridiculizarnos y hasta clavarnos en una cruz. El silencio no es bien visto por los amantes del ruido. Los habitantes de estos lugares son propensos a las juergas, a los escándalos y a las sustancias que embotan los sentidos. En las ciudades de los muertos no hay lugar para la vida porque la vida no interesa, ya que requiere el coraje de tener que enfrentarse con la muerte; y la mayoría no quiere resucitar. Los habitantes de las ciudades de los muertos se afanan en buscar la eternidad en las cosas caducas, por eso tienen un vacío en su interior que no saben cómo llenar. Intentando dar sentido a su existencia, no hacen más que acumular ira y resentimiento unos contra otros. Sus instituciones son mentiras bien orquestadas; y su claridad, luces artificiales. Así, al cabo del tiempo, cuando la muerte viene a visitarlos, intentan llamar a gritos a su dios; pero su dios no les responderá porque no tiene oídos con los que oír, ni brazos con los que socorrer, sino tan solo boca con la que devorar las almas de los hombres y mujeres de este siglo…

lunes, 22 de agosto de 2016

Tres Religiones, un Mismo Dios… Un Solo Corazón.



Por mis hermanos y hermanas voy a decir, la paz sea contigo. Por la Casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien.
He respondido al eco de la llamada de Jerusalén, como tantas almas hicieron a través de los siglos, para rezar aquí y volver dando testimonio de que, además de ser la Ciudad Sagrada, Jerusalén es un estado del ser.
Aquí puedes sentir a Dios en las entrañas oyendo cada una de tus oraciones. Puedes llorar de amor en el Muro, postrarte ante esa Presencia que ha colmado tu espíritu en la Cúpula de la Roca, o seguir las huellas de Jesús por la Vía Dolorosa hasta llegar al Santo Sepulcro. Una tumba vacía porque él ha resucitado.
Jerusalén es tres veces santa y otras tantas más por cada uno de los peregrinos que hasta aquí llegan, beben de ella, y vuelven reconfortados. Jerusalén, sin duda, es la Casa del Señor. Un Dios que, sin embargo, es tan grande que no cabe en todas sus iglesias, mezquitas y sinagogas. Por eso tiene que repartirse entre nosotros.
Ahora, que es momento de partir, me siento entristecido, no porque no haya sentido a Dios derramándose en mi corazón, sino porque he visto la ignorancia en la que están inmersos mis hermanos y hermanas. Bien dijo Anthony de Mello que Jerusalén era la ciudad donde todos dicen amar a Dios mientras se odian a muerte los unos a los otros… Y desafortunadamente también es eso lo que me he encontrado aquí.  
Rezando en la Tumba del Jardín, buceando en los misterios que mi mente esconde, e imaginando a Jesús caminando como un hortelano por este lugar siglos atrás, escuché a un capellán que le decía a su congregación: - Estoy alojado en un hotel musulmán. ¡Seguro que eso es pecado! – Y me sentí muy triste, tanto por aquel hombre como por la gente que le seguía, porque no habían comprendido el mensaje de amor del Galileo ni aun leyendo claramente en el evangelio la parábola del Buen Samaritano. Entonces, pensé, ¿de qué les servía venir a Tierra Santa, rezar en los lugares donde Jesús estuvo, si no se esforzaban por hacer lo que él hizo? Pero es que la cruz de Jesús pesa mucho.
Intentando olvidar lo sucedido, algunas horas más tarde me dirigí a la Explanada de las Mezquitas y vi que un sinnúmero de policías palestinos negaban el acceso al recinto a los no musulmanes, e igualmente pensé que aquellos hombres no habían leído el versículo del Sagrado Corán que dice: “Es cierto que aquellos que han creído, los judíos, sabeos y cristianos que creen en Allah y en el Ultimo Día, y obran con rectitud, no tendrán nada que temer ni se entristecerán.” Sura 5; 69.
Y volví a entristecerme porque lo que nos separaba era menor que el grosor de un hilo de seda, y sin embargo, algunos hacen de ese hilo una enorme muralla que nadie puede salvar.
Por último, caminando por las inmediaciones del barrio judío, un chico ortodoxo me llamó la atención para preguntarme de dónde venía y si tenía antepasados hebreos. Yo le contesté que sí y comenzamos una conversación donde al final me aseguró que la mejor religión era la suya, y que los no judíos no deberían ni acercarse al Muro. Y mi alma acabó de entristecerse porque aquel muchacho no había comprendido las palabras de Rabí Hillel, que decía que la Torah podía resumirse en dos cosas: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, y que todo lo demás eran notas a pie de página.
Entonces una idea me vino a la cabeza. Tenía que hacer algo para romper esta tendencia fratricida… ¡y lo hice! A la mañana siguiente, muy temprano, templé mi espíritu con el hálito del Señor para que me diera fuerzas y me decidí a seguir la Vía Dolorosa, como un cristiano más, rezando un Padrenuestro en cada una de sus estaciones hasta llegar al Santo Sepulcro, e incluso más allá, a la Tumba del Jardín. Después, a medio día, subí a la Explanada de las Mezquitas y recé en la Cúpula de la Roca y en la Mezquita Al Aqsa, como musulmán. Y por último, al anochecer, me presenté ante Dios en el Muro Occidental, como judío, rezando el Shemá Israel, para entregarle también lo que había hecho ese día. Y, en aquel momento, bajo la luna llena del mes de agosto, una fuerza sobrenatural inundó mi corazón y sentí en mis entrañas que Dios me había sonreído y había aceptado mi ofrenda.
Una cruz para los judíos, una alfombra para los cristianos y un talit para los musulmanes es quizás la fórmula de la paz en Israel que nadie quiere seguir.
Y puede que lo que hice me cueste la vida si alguno de los fanáticos que no dudan en acabar con aquello que no comprenden, me esperen algún día para ajusticiarme. Pero puede que también haya abierto un camino que nadie, en todos los años que Jerusalén lleva en pie, ha hecho jamás. Abrir un camino de amor, de paz y de tolerancia. Tres religiones, un mismo Dios, un solo corazón… pues tal vez eso era lo que el Señor esperaba de mí.
Ahora que estoy de vuelta en casa, sé que siempre permaneceré en Jerusalén honrando a mi buen Dios por los siglos de los siglos. Por eso te vuelvo a decir, amigo y amiga desconocido que lees estas palabras, As Salam Aleykum, Shalom, Que la Paz Sea Contigo. Y por la Casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. Maranatha.

“Comete pecado de idolatría quien adora a una religión en lugar de adorar a Dios” Profeta Muhammad



domingo, 17 de julio de 2016

Presentanción de mi último libro 33 SECRETOS INFALIBLES PARA ATRAER LA FELICIDAD Y LA PAZ





33 Secretos Infalibles Para Atraer la Felicidad y la Paz

La primera vez que viajé a la India descubrí que este país no es solo la cuna de algunos de los místicos más grandes de todos los tiempos, sino también un campo de prácticas donde podemos esforzarnos para tratar de ser mejores personas, ayudando a los seres que malviven en las calles de cualquier ciudad. En los Slum – vertederos – cientos de familias conviven con las ratas y otras alimañas guardando, sin embargo, la esperanza de un mañana mejor que, desafortunadamente, nunca llega.
Conociendo la precariedad de estos lugares, cada vez que regreso a la India suelo buscarlos porque, aunque rodeados de muerte, encuentro en ellos, o más bien en las personas que los habitan, la verdadera vida y el rostro de mi buen Dios, el cual ha salido de los templos para caminar por aquí, a la vista de todos, donde paradójicamente nadie puede ni quiere verlo…
Aunque el hecho de que un extranjero deambule por estos lugares ya es motivo de interés, en esta ocasión había comprado una pequeña pelota de goma que, ante la mirada de los niños que se repartían por el Slum, me puse a votar y a sostener con los pies. Así, poco a poco, vi que sus rostros iban cambiando y que se acercaban sonrientes y expectantes para ver a qué estaba jugando aquel forastero. Entonces, sonriendo yo también, comencé a pasarles la pelota, a dársela y a tratar de quitársela, lo que derivó en una pequeña pachanga en la que todos reíamos, nos empujábamos y corríamos detrás del balón.
Durante algunos minutos, aquellos niños olvidaron todos sus problemas, incluso el lugar donde estaban, o que ni siquiera tenían zapatos, y disfrutaron de la felicidad que llevaban dentro y que una pelota hizo salir.
Aunque, debo reconocer, creo que fui yo quien más disfrutó porque por unos instantes me sentí enormemente feliz. Yo también me había olvidado de todos mis problemas y me había dejado contagiar por sus risas y por sus juegos. ¡Curioso milagro es el de sentir felicidad haciendo felices a los demás! Aquello me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida, que la felicidad está en nosotros mismos y que, a pesar de todos los problemas que creamos tener, siempre podemos dejarlos un lado para disfrutar unos instantes jugando a cualquier cosa...

Presentación de mi último libro, 33 SECRETOS INFALIBLES PARA ATRAER LA FELICIDAD Y LA PAZ, ediciones Cydonia, en el programa de Radio "Espacio en Blanco" día 17/07/2016, segunda hora a partir del minuto 37;30. Que lo disfruten


http://www.rtve.es/alacarta/audios/espacio-en-blanco/espacio-blanco-duena-del-piso-17-07-16/3664621/





http://www.casadellibro.com/libro-33-secretos-infalibles-para-atraer-la-felicidad-y-la-paz/9788494508479/3047093



martes, 24 de mayo de 2016

Mi Tesoro


"El ayer es una advertencia, el hoy es una oportunidad y el mañana es una ilusión" Dicho Sufí

Hace mucho tiempo un rey tuvo un hijo y, como herencia, le regaló un gran cofre lleno de monedas de oro que sin embargo también contenía una advertencia: - ¡No malgastes este tesoro porque no podré darte ni una sola moneda más! - Así, el muchacho fue creciendo y gastando sus monedas, al principio con mesura, pero después sin precaución. Poco a poco fue desperdiciando todas sus riquezas acumulando cosas banales, comprando palacios cada vez más grandes, carruajes cada vez más lujosos, ropa cada vez más cara y creándose una imagen social acorde a las modas de la sociedad, hasta que, al cabo de un tiempo, miró dentro del cofre y se dio cuenta de que apenas le quedaban ya algunas pocas monedas. Entonces, muy preocupado, fue a ver a su padre, pero éste le recordó su advertencia. - ¡No podía darle más! - Llorando, el joven se dio cuenta de que había malgastado todo su tesoro en sí mismo, pero en cambio no había invertido nada en ayudar a los demás, en aliviar el dolor de los necesitados ni en remediar el sufrimiento de sus semejantes. Pronto las monedas se acabaron y el joven murió, porque el tesoro que se le había concedido realmente no eran monedas de oro, sino algo más valioso... el tiempo. Un tiempo que, como él, nosotros tampoco valoramos y por tanto malgastamos en toda clase de distracciones hasta que nos damos cuenta de que cada vez nos quedan menos monedas dentro del cofre de nuestros días y, de la misma manera que le sucedió al joven, quizás entonces ya sea demasiado tarde.


"Paseando por Konya, por el Jardín de los Espíritus, entre las tumbas de los antiguos derviches que están enterrados junto a su maestro, escuché el ulular del viento trayéndome un mensaje, me dijo: - ¡No pierdas el tiempo!" 99 Cuentos y Enseñanzas Sufíes

viernes, 13 de mayo de 2016

Entrevista en Canal del Misterio, La Cuarta Esfera y La Caja de Pandora




"Cuando mi maestro viajó a Medina hizo un retiro de tres años encerrado en una cueva cercana a la mezquita del Profeta, donde alcanzó la iluminación. No obstante, cuando regresó, alguien le preguntó: - ¿Qué había en aquella cueva? ¿Qué pruebas tienes de haber subido el Último Escalón? ¿Qué te has traído del Paraíso? – A lo que mi maestro contestó: - Cuando llegué, la cueva estaba muy oscura, pero cuando salí era tan clara como el medio día. La única prueba de mi estado soy yo. Lo único que me traje del Paraíso fue a mí mismo." 99 Cuentos y Enseñanzas Sufíes

Escucha nuestra intervención en CANAL DEL MISTERIO. Día 12/05/2016 1ª hora. Que lo disfruten... 

http://www.ivoox.com/79-18x-05-99-cuentos-y-ensenanzas-sufies-audios-mp3_rf_11511284_1.html


La Caja de Pandora. Sección La Segunda Estrella a la Derecha, capítulo Busca dentro, si puedes, no fuera.

http://www.lacajadepandora.eu/2016/05/busca-dentro-si-puedes-no-fuera-la-segunda-estrella-a-la-derecha-capitulo-1-con-manuel-fernandez/

ROMPER EL EGO/LA CUARTA ESFERA

“Cuentan que en las afueras de Samarcanda vagaba un hombre que tenía la maldición de romper todo lo que tocaba, por eso la gente le tiraba piedras y le insultaba si veían que se les acercaba. No obstante, en cierta ocasión, un derviche fue a buscarle y se postró ante a él. - ¡Estás loco! ¿Por qué vienes a verme? ¿No sabes que todo lo que toco acaba hecho pedazos? - Preguntó el hombre - ¡Sí, sí! - dijo el derviche - Por eso he venido, para que me toques, porque desde hace años vengo intentando romper mi ego, pero todavía se me resiste…” 


Escucha este cuento y otros en el programa de radio LA CUARTA ESFERA, día 21/05/2016, a partir del minuto 21, que lo disfruten¡¡¡ 

https://www.ivoox.com/2x19-la-cuarta-esfera-fantasmas-del-audios-mp3_rf_11609986_1.html

sábado, 30 de abril de 2016

99 CUENTOS Y ENSEÑANZAS SUFÍES


"Cuentan que, en cierta ocasión, mientras mi maestro, Djalal al Din Rumi, sumergido en un éxtasis de Amor Divino, recitaba poemas cargados de pasión, un extranjero que se sentaba entre nosotros no pudo contenerse y empezó a llorar y a gemir, arrobado por la belleza de lo que estaba escuchando. De esa manera, cuando mi maestro terminó y abrió los ojos, el extranjero le preguntó: "Oh señor, ¿dónde ha encontrado la inspiración para escribir esos versos". A lo que mi maestro contestó: "Del mismo lugar donde tú has encontrado tus lágrimas". 99 Cuentos y Enseñanzas Sufíes


En esta obra encontrarán cuentos sacados de las arenas del desierto, escondidos bajo los turbantes de sus moradores, que mil veces los narraron junto al calor de sus hogueras, iluminados por el fulgor de las estrellas y de la media luna, mientras el café se iba tostando, invitándonos a degustar también el sabor de la sabiduría más refinada y sutil. Otros, sin embargo, están basados en mis numerosas experiencias a la vera de este camino de perfección. E, incluso algunos hay que pertenecen al legado místico de las cofradías más añejas, que han ido pasando como testamento de generación en generación para que todo el que tenga sed pueda beber de nuestro río y vivir. Aunque, como las dunas, han ido cambiando por el influjo de los vientos del tiempo, sin embargo siguen perteneciendo a los oasis donde las caravanas se detienen a descansar en su paso por la vida, conociendo que es un lugar seguro donde la sombra de la palmera anuncia una buena provisión de dátiles prestos a calmar el apetito de los peregrinos que consiguieron llegar hasta aquí.

lunes, 7 de marzo de 2016

Extraterrestres entre nosotros

Estimados amig@s, os presento pruebas irrefutables y definitivas de vida extraterrestre en la tierra... 



Se hacen llamar "Proactiva Open Arms"

Son seres de otro planeta disfrazados de bomberos y socorristas que se han trasladado a la isla de Lesbos, sin ninguna ayuda gubernamental, poniendo sus vidas y su patrimonio en peligro, para salvar la vida de los miles de refugiados que salen en lanchas cada día desde Turquía. Está claro que no pueden ser de este planeta. Su nave está aparcada en esta dirección


Pero no son los únicos... 




Mensajeros de la Paz fue fundada en el año 1962 por el Padre Ángel García Rodríguez. En la actualidad la asociación gestiona cerca de un centenar de residencias y cuenta con diversos programas sociales, así como con áreas de formación, infancia, mujer, mayores... todos ellos orientados a mejorar las condiciones de vida de los terrícolas. Eh aquí un extraterrestre vestido de sacerdote. Tiene su nave nodriza ubicada en esta dirección.






Vicente Ferrer. Aunque ya regresó a su planeta, ha dejado aquí a una élite de los de su raza para que sigan cuidando de los pobres en Anantapur, India. Podéis visitar su colonia aquí...





  
Mata Amritanandamayi (Amma) A través de sus abrazos devuelve la ilusión a miles de personas. Con su asociación ha creado hospitales, casas y orfanatos para cientos de hombres, mujeres y niños en Kerala. Cuando la abrazas, te transporta a su planeta...


Así que ya veis, amigos que buscáis en los cielos, que aquí en la tierra están los pobladores de esos otros mundos, a veces tan lejanos, a veces tan cercanos...
Un abrazo. La Taberna del Derviche. 
Ruego difusión

Programa Espacio en Blanco, sección La Taberna del Derviche Blanco, 2ª hora a partir del minuto 18.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/espacio-en-blanco/espacio-blanco-dentro-del-misterio-10-04-16/3562219/. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Los Globos del Alma



"Érase una vez, hace mucho tiempo, una mujer que sufrió la pérdida repentina de su marido. Como habían estado toda la vida juntos, ella pensaba que no podría hacer nada sin él, por lo que se pasaba todo el día llorando sin parar. Cuando abría el armario, abrazaba la ropa colgada se su marido sabiendo que ya nunca más se la volvería a ver puesta, respirando el perfume que ya nunca más volvería a utilizar él.
Como no consiguió acostumbrarse a su ausencia en la cama, al frío que dejó, ni a su espacio vacío en la mesa, a un solitario plato, un día entró al templo y, de rodillas, suplicó a Dios que le mostrara dónde estaba ahora su marido, si es que en el cielo, si es que en el infierno, o si sencillamente había dejado de existir.

Así, esa misma noche, tuvo un sueño. Soñó que un ángel venía a su cama y acompañaba a su alma hasta un lugar muy hermoso, un jardín de bellos colores donde cientos de globos se elevaban por el cielo. Tan impresionada quedó la mujer ante lo que estaba viendo, que quiso saber adónde iban todos esos globos. Entonces el ángel, mirándola con dulzura, le dijo: - Viajan hasta Dios. Son las almas de las personas buenas que han dejado ya sus cuerpos humanos. - Pero en ese momento la mujer se dio cuenta de que había algunos globos que estaban sujetos a la tierra por un cordel y le preguntó al ángel: - ¿Entonces los globos que están sujetos son los de las almas que se han portado mal y no pueden llegar hasta Dios? - ¡No! - respondió el ángel: - Son almas que están amarradas por el sufrimiento de sus seres queridos, que no las dejan irse. Por tanto, se quedan atrapadas aquí, sin poder subir al cielo, pero tampoco sin poder bajar a la tierra, sufriendo porque sus familiares no las han sabido soltar. - Entonces, ante aquellas palabras, la mujer no pudo contener las lágrimas, comprendiendo lo que el ángel le estaba queriendo decir, e hizo el firme propósito de aceptar la realidad y de superar el dolor de la pérdida, sabiendo que algún día su marido y ella volverían a reunirse 'en la habitación de al lado' que es como llamaba san Agustín a la otra vida. Y, justo en ese momento, un globo se soltó de su cordel y subió hacia el cielo. Así, al ver esto, el ángel sonrió y ella despertó del 'sueño'"


Escucha este cuento en nuestro programa "Espacio en Blanco", de Rne, en la sección "La Taberna del Derviche Blanco". Día 17/04/2016. 2ª Hora, a partir del minuto 41. Enlace abajo